A solo unos pasos de la bulliciosa Av. 9 de Julio, en el bonaerense barrio de Recoleta, en una bella y bien preservada casona del siglo XIX, sede de Rabobank en Argentina, Industria Avícola se reunió con Paula Savanti, su analista del sector agroalimentario, para tener una charla abierta respecto de la avicultura argentina. Con una buena disposición y un trato como si fuéramos amigos de hace mucho tiempo, Paula nos abrió las puertas para darnos sus puntos de vista.

Productor y exportador de granos y oleaginosas 

Argentina claramente ha incrementado mucho su producción en los últimos 20 o 30 años. “Estos incrementos se han dado tanto en la superficie de siembra, como en los rendimientos”, señala Savanti. La expansión de la superficie se dio en la soya, con la gran transformación tecnológica de los 90 de granos y oleaginosas, cuando se introdujo el paquete tecnológico que incluía la soya RR (roundup ready). Este paquete tecnológico hizo que la soya se produjera en zonas que antes a nadie se le hubiera ocurrido producir.

Además, la proporción de producción de cereales a oleaginosas cambió. Originalmente, Argentina era un país que producía trigo y maíz. Hoy en día, produce aproximadamente 70% de soya y girasol. “Ahora quizás esté variando un poco, porque el precio del maíz es muy bueno” acota Savanti. Cabe resaltar que la soya es algo que nacionalmente se consume poco, “por lo que se exporta en grano a China, o se muele y se exporta como aceite y pélets”, nos comenta.

El cambio de granos a soya en los últimos años, es por diferentes causas, como la rentabilidad: la soya genera márgenes más altos, es menos riesgosa, tiene un rendimiento más estable, sufre menos que el maíz (si llueve menos, por ejemplo), es más resistente y además requiere menos inversión inicial que el maíz. No debemos olvidarnos que las políticas del gobierno han desfavorecido mucho al maíz y al trigo.

En términos del costo, Argentina tiene el complejo de molienda más eficiente del mundo. Una de las causas de esa eficiencia se debe a su geografía: la mayor cantidad de producción de soya está en un radio de menos de 300 kilómetros de un puerto. Así, la soya va del campo a las enormes plantas, se muele y se carga directamente al barco. El país tiene una capacidad de molienda de 50 millones de toneladas; este año producirá alrededor de 52 millones. Las exportaciones en grano, aceite o harina varían en función de los márgenes.

El aceite de soya se exporta como tal o se produce biodiesel. La industria de biodiesel nace basada en la exportación a Europa, pero hace un año empezó a regir un mercado interno, por el mandato de mezcla con el diesel del 7%. El mercado nacional de biodiesel ahora absorbe un tercio más o menos de la producción. El país es muy competitivo en la producción de biodiesel, ya que es competitivo en toda la cadena de la soya.

Impuestos a las exportaciones de granos y oleaginosas 

Históricamente, Argentina siempre tuvo impuestos a la exportación de granos. En distintos periodos fueron a veces más altos y a veces más bajos. Durante los años 90, que fueron los de la convertibilidad del dólar con el peso, estaban en cero. Pero después de la crisis y la devaluación, el campo se vuelve muy competitivo, porque vende productos en dólares.

Cuando es el boom de precios en 2008, el gobierno de Cristina Kirchner quiso subir los impuestos a la exportación. Decide que van a implementar un sistema de retenciones móviles, donde el porcentaje de la retención variaba de acuerdo a la variación en el precio internacional. Así, si subía el precio, subía el porcentaje. “Esto motivó manifestaciones y un paro del campo, una pelea atroz que terminó en el Congreso con votaciones empatadas” nos dice Savanti. El desempate con el “no” fue el voto del Vicepresidente, que es el presidente del senado. Las retenciones móviles no prosperaron, pero de todos modos quedaron a un nivel del 35% para la soya. De esta manera, el precio a nivel nacional es un 35% más bajo; en el caso del trigo y maíz es 20 y 23%. Esto es bueno para una industria como la avícola.

En el caso del trigo y maíz el gobierno además fijó unas retenciones cuantitativas a la cantidad que se puede exportar, como cuotas, llamadas ROE. De esta manera, quieren asegurar que internamente los precios no aumenten. Al frenar o limitar la exportación, “se desacoplan los precios del mercado nacional con respecto al externo, hay entonces suficiente trigo y maíz para los comensales, lo que produce un embrollo terrible en el mercado” señala la experta. Esto desincentiva la producción de uno u otro.

Mercado suramericano 

Con Brasil que es inevitable siempre la comparación. A pesar del 35% de tasa de exportaciones, Argentina compite perfectamente. Es decir, el margen es incluso muy positivo. Con su vecino y socio del Mercosur, la estructura de costos es diferente. Brasil tiene un precio de la tierra más bajo, especialmente en Mato Grosso, pero es de calidad inferior, así que tienen que pagar mucho en fertilizantes. Lo que no gastan los argentinos en fertilizantes lo gastan en el precio de tierra. La otra gran diferencia es el costo de transporte elevadísimo de los brasileños, porque producen a mil kilómetros de un puerto. Como ya mencionamos, en Argentina sólo necesitan trasladar los granos 200 o 300 km. Esa diferencia de kilómetros, aunque quizás no sea un cálculo exacto, es más o menos el 35% de la tasa de exportación.

En cuanto a la mano de obra en Brasil, como el real ahora está tan alto, “no estoy segura y de hecho no es un sector donde la mano de obra tenga un peso tan grande sobre el costo de producción”.El campo está muy mecanizado en ambos países. “El costo de la mano de obra tiene una incidencia baja. El mayor costo es el de la tierra, y después vienen semillas, fertilizantes, maquinaría, entre otros”.

Producción avícola en Argentina 

La producción avícola en Argentina creció muchísimo, como consecuencia de varias cosas, entre ellas este tipo de políticas de los pasados 6 o 7 años, que le han favorecido enormemente. No obstante, hoy en día la están pasando mal por el precio de maíz en Estados Unidos.

Sin duda, el gobierno actual no ha tenido una buena relación con el campo. Pero, la industria avícola sí la ha tenido, y la ha sabido mantener y utilizar, “debido, digamos a años buenos o a esta ventaja de tener esta especie de protección o subsidio implícito o como lo queramos llamar”, nos recalca Savanti. Además, es una industria que ha invertido en expandir producción y en mejorar plantas. Si utilizamos la parábola de las vacas gordas y las vacas flacas, la avicultura ha sido muy inteligente en usar bien estos buenos años. “Ya veremos qué ocurre a futuro, pero creo que están creciendo, están invirtiendo en ello”.

Publicidad

Como en muchos países, en la industria avícola argentina hay pocos participantes, son más grandes y están bien organizados. Hay una cámara que no pierde tiempo en pelear entre ellos; unen fuerzas y consiguen hacer cosas juntos. Dice Savanti que “eso es algo que hay que reconocer”. Esto contrasta con la industria de carne bovina, que es enorme, y muchísimo más fragmentada. Además, hay frigoríficos municipales y mataderos que van directo al carnicero, por lo que, es imposible tratarlos como una entidad, lo que es contraproducente. A diferencia de la avícola, la industria cárnica, siempre ha sido de mercado local. Solo se exporta un 20%, básicamente de cortes de muy alto valor, muy alta calidad.

Consumo de pollo y carne 

Desde hace 10 u 11 años, el consumo de pollo, que hoy es de 34 kg/habitante, ha venido subiendo consistentemente, beneficiado por el precio de la carne. Aunado al consumo de carne de res, “se consume mucha proteína animal. Para los argentinos, si no hay carne, no hay comida” hace énfasis nuestra entrevistada. El consumo este año de carne está alrededor de 56 kg per cápita, debido al alza de precios. Llegó a estar en 70, junto con 30 kg de pollo y unos 7 kg de cerdo. Según el plan estratégico avícola, el sector planea que este crecimiento siga hasta unos 40 a 44 kg dentro de 10 años.

El futuro sin el impuesto a la exportación 

Es una gran pregunta que merece buenas explicaciones. Hay varias cuestiones: por un lado el gobierno les ha exigido a las avícolas que vendan parte de su producción al mercado nacional a un precio controlado: un pollo básico con ciertos lineamientos bien definidos. Por otro lado, es diferente el precio de otros pollos con valor agregado. El gobierno otorga beneficios a la industria avícola, en particular las compensaciones que reciben sobre el precio del maíz y de la soya. De esta manera, hay un precio de referencia; así, el precio que ellos pagan se estabiliza al de referencia de esos animales que van al mercado nacional, y el gobierno les paga esta diferencia.

Esta compensación en dinero ahora hace meses que no lo reciben, desde que en febrero se disolvió la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario, órgano que controlaba esto. “Con estos atrasos y una deuda de 900 millones de pesos, tampoco es tan fácil la cuestión de las compensaciones” aclara la experta. Se puede ver que tampoco es que “tengan toda la mesa puesta”. Es algo con lo que no siempre se puede contar. Si el gobierno dejara esas compensaciones, ¿les dejarían aumentar el precio del mercado nacional? Responde Paula Savanti que “no es así de fácil: ya no te pago más esto, pero puedes pasar el precio al consumidor”.

Si desapareciera la retención a la exportación, “la industria se vería en una situación complicada. No es que no pueda competir con el precio al igual que otros países. De hecho, Argentina tiene todas las cualidades para ser un productor avícola muy eficiente”. Esto es porque hay mucho grano y porque su precio nacionalmente es bajo, más allá de los impuestos, por una cuestión de competitividad de la producción. Es ahí donde está el beneficio.

Competitividad con miras hacia el futuro 

La avicultura en Argentina es competitiva. Se ha ido modernizando, ampliando y logrando mayor escala. “Hoy en día en EUA, con el precio del maíz alto, le cuesta muchísimo dar resultados positivos, además de los problemas en su propio mercado. Pero, claramente, el contexto de hoy es difícil para cualquier emprendedor de la avicultura, por más competitiva que sea”.

“Al analizar las condiciones y lo que se necesita para tener una industria de este estilo, es que Argentina tiene un costo de producción bajo, incluso sin las retenciones” nos comenta Paula Savanti.

No obstante, comparado con Brasil, el mayor problema que tiene en términos de competitividad internacional es el tema de escalas. Al ver la lista de procesadores en el mundo, “las empresas argentinas mas grandes no llegan a tener el tamaño de una empresa mediana en Brasil. En términos de tamaño obviamente hay mucho por hacer todavía”. Hay espacio para crecer, es una industria muy nueva en Argentina, en términos del mercado externo.

La mayor parte de las exportaciones es de pollo entero, no como Estados Unidos, que sólo se come la pechuga y venden lo demás. En cuanto al procesamiento ulterior, claramente no es el fuerte competitivo aún. “Tampoco sé si lo será del gusto nacional. Por supuesto que la comida congelada ha aumentado en ciertos círculos que el consumidor en Buenos Aires sí compra, pero es un mercado pequeño todavía”, limitado por hábitos de urbanización, de disponibilidad de tiempo, etc.

Fidelidad del consumidor 

Internamente, “el pollo se ha ido de a poco estableciendo, y creo que muy bien, pero un desafío que enfrenta la avicultura es que el cambio en el consumidor sea permanente, porque la industria de la carne ahora está en crisis con un precio muy alto y bajo consumo. Pero las cosas pueden cambiar”. Los precios en este momento están en una relación de carne a pollo de 3 a 1, pero en algún momento la carne se puede recuperar. Las preferencias también han ido cambiando por cuestiones de salud. La fidelidad del consumidor es un aspecto importante, y los avicultores lo saben.

Conclusión 

La avicultura argentina tiene mucho potencial porque posee competitividad natural y el país produce granos y oleaginosas. Están haciendo las cosas bastante bien. Están organizados y están invirtiendo dinero en la industria. Sin embargo, tiene algunos fuertes desafíos por delante.