De una posición algo obscura en la década de los 80, la avicultura brasileña se salió en los 90 para convertirse y consolidarse en una potencia en los años siguientes. Referente internacional en la actividad, la avicultura brasileña todavía se interpreta de manera ambigua: al mismo tiempo en que es admirada por países o empresas que en ella se reflejan para moldear su propia avicultura, inspira precaución en otros que al ser menos competitivos, se sienten amenazados por las importaciones de pollo brasileño. La avicultura brasileña ha trabajado duro a lo largo de su trayectoria, expandiendo significativamente su capacidad productiva, status sanitario, competitividad y sobre todo, su participación en el mercado internacional, logros que la convirtieron en un proveedor de proteína animal respetado e idóneo en Brasil y en el exterior.

Éxito multifactorial 

El éxito de la avicultura brasileña no se puede atribuir a un solo factor. Es un conjunto de factores, naturales y estructurales organizados e integrados a lo largo de los años, para proporcionar un ambiente fértil que la avicultura industrializada ha usado con sabiduría para impulsar su crecimiento. Es la confluencia de factores como la visión y determinación de empresarios avícolas, de las condiciones climáticas brasileñas, la disponibilidad de tierras, la autosuficiencia en granos, la abundancia de agua, la disponibilidad de mano de obra, de un status sanitario del plantel nacional muy bien cuidado y del papel gubernamental a través del Servicio de Inspección Federal, del Ministerio de Agricultura.

Alto índice de insolación anual en conjunto con tierra fértil, disponibilidad de agua y el uso de modernas tecnologías aplicadas a la actividad son recursos determinantes para el éxito de una explotación agropecuaria variada, productiva y competitiva. Brasil se encuentra en una posición ventajosa, aunque trabaja incesantemente para ampliarla a su favor. Tiene al año un promedio de 2,200 horas de insolación, índice de los más altos en el mundo, que calientan cerca de 50 millones de hectáreas de tierras altamente productivas, una pequeña fracción todavía de lo mucho que dispone por explotar, bañadas por abundantes y regulares lluvias y por la reserva de agua dulce más grande del mundo (equivalente a 18% del total mundial). De la cosecha nacional de granos de 1990/91, de 57 millones de toneladas en 37 millones de hectáreas a una tasa de 1.54 toneladas por hectárea, el país llegó a la cosecha 2010/11 con 163 millones de toneladas con 49.92 millones de hectáreas, con una productividad promedio de 3.27 toneladas por hectárea (según Compañía Nacional de Abastecimiento, del Ministerio de Agricultura).

Si le echamos una mirada a la producción de maíz en el periodo, de 24 millones saltó a 58 millones de toneladas, lo que convirtió a Brasil de importador a exportador del grano. La producción de soya ascendió de apenas 15 millones de toneladas a un estimado de 75 millones, lo que ha impulsado a Brasil al segundo puesto de los exportadores de esta oleaginosa. En 1994 las exportaciones brasileñas de soya eran un sexto de las exportaciones de EUA.; hoy día equivalen a seis séptimos. Y todo esto se logró con el uso de tan solo 6% de las tierras cultivables disponibles. Todavía hay unos 300 millones de hectáreas por explotar, sin que esto implique talar un solo árbol de la Amazonia u otra área de protección ambiental, pues son áreas abandonadas de pasto o de suelos degradados. La recuperación con el uso de tecnología, puede convertir esas áreas netamente productivas para el cultivo que se quiera sembrar, lo que amplia significativamente la capacidad productiva agrícola del país.

En tan solo 20 años, la evolución global de la agricultura brasileña fue importantísima, comprobado por el aumento de 185% en el volumen de producción de granos y de tan solo 34.9% en superficie sembrada. Brasil se convirtió en menos de 30 años de importador neto de alimentos a uno de sus grandes proveedores, junto con los 5 grandes productores y exportadores mundiales de granos: EUA, Canadá, Australia, Argentina y la UE. Es el único país tropical, ya que todos los otros son de clima templado, como señala la revista inglesa The Economist (agosto 2010). La pujanza de este crecimiento se evalúa por el crecimiento del valor total de la producción agrícola del país, que saltó de R$23 mil millones (US$13.5 mil millones al tipo de cambio de octubre 2011) en 1996, a R$108 mil millones (US$64 mil millones) en 2006, un crecimiento de 365% en el transcurso de diez años.

Agricultura sostenible 

Estos logros, que han provenido de lo que actualmente se conoce por la moderna denominación de “agricultura sostenible”, se han obtenido gracias en gran parte al trabajo tras bastidores, silencioso y largo, desarrollado por EMBRAPA y su equipo de reconocidos investigadores. EMBRAPA ha contribuido a impulsar de modo dramático la producción agrícola brasileña a través de un trabajo de investigación organizado, sistemático, puro y aplicado de alta gama, ejecutado en varios frentes y cultivos, de la adaptación de la soya al ambiente brasileño en los años 60, pasando por la conversión del “cerrado” (llanos), en el Centro-Oeste de Brasil, en un área netamente productiva; por técnicas de siembra y cosecha innovadoras, que han contribuido a evitar la erosión y aumentar la productividad de las cosechas; hasta las investigaciones que culminaron con la producción de semillas genéticamente modificadas de distintos cultivos, entre muchos otros logros.

La buena noticia es que todavía no se ha agotado el potencial productivo de la actual área de siembra, pues a pesar del alto nivel de tecnología aplicado actualmente a la producción agrícola en Brasil, es en promedio inferior al que se aplica en EUA y la UE.

Sanidad avícola 

Esta histórica abundancia de granos de buena calidad ha sido un recurso valioso y sobre todo estratégico para el país y para la avicultura industrial que en su trayectoria ha podido pasar al margen de las preocupaciones con el suministro y, sobre todo, con la calidad de las importaciones de granos. Así, se ha podido dedicar integralmente a otro frente prioritario del negocio: la sanidad avícola.

La sanidad avícola ha sido entendida como prioritaria y estratégica por la avicultura brasileña desde hace mucho tiempo. Al final, si no hay sanidad, no hay productividad, no hay competitividad y, sobre todo, no hay exportaciones. Por estas razones el sector se ha dedicado a erradicar del plantel aviar las enfermedades de la Lista A de la OIE a través de una trabajo realizado en cooperación con las autoridades gubernamentales del Ministerio de Agricultura en sus distintas instancias, y que desde hace muchos años todavía sigue con la misma intensidad y preocupación, pues la bioseguridad de la actividad debe ser una prioridad constante.

La vigilancia sanitaria ha permitido al país importantes logros en los últimos años: adquirir de la OIE el status de libre de enfermedad de Newcastle, desde 2003, así como idear e implementar el Plan Nacional de Sanidad Avícola, un programa de vigilancia sanitaria de reconocimiento internacional. Hasta la fecha, es el único productor mundial importante de pollos que nunca ha registrado la presencia de un solo brote de influenza aviar de cualquier patogenia.

En el ámbito de los mataderos, la producción avícola nacional la inspecciona en su totalidad, y no por muestreo como en muchos países, el Servicio de Inspección Federal perteneciente al Departamento de Inspección de Productos de Origen Animal, insertado a su vez en la estructura del Ministerio de Agricultura. Es el SIF, a través de sus equipos de veterinarios e inspectores de línea asignados a cada matadero con base en la velocidad de faena, quien asegura la idoneidad de los productos avícolas brasileños y su consecuente aptitud de los productos para el consumo humano. Este trabajo inicia mucho antes de la operación de la empresa avícola, pues sin la aprobación del proyecto por el SIF una empresa no puede construir una nueva planta o modificar la que ya esté en operación.

Una vez que la planta en operación, el SIF durante horas laborales supervisa desde la recepción de la materia prima viva hasta la salida de los productos para el despacho, para asegurar que las prácticas de manufactura y los procesos industriales sigan las reglamentaciones pertinentes a la actividad de la empresa: faena, trozado e industrialización.

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Finalmente, le corresponde asegurar por medio de su actividad clave, el examen individual de cada canal y su correspondiente paquete de vísceras, que todo lo que salga al mercado sea sanitaria y físicamente apto para el consumo humano en Brasil y en cualquier parte del mundo. La seriedad y profesionalismo del trabajo del SIF tiene reconocimiento y equivalencia en todos los mercados internacionales con los cuales trabaja Brasil, lo que avala la incuestionable seguridad y calidad del producto avícola brasileño.

Exportación de productos avícolas 

El estatus sanitario y la inocuidad de los productos, aliados a la creciente competitividad comercial comparado a sus pares internacionales, han sido determinantes para iniciar la exportación de productos avícolas y fundamentales para sostenerla e impulsarla a lo largo de los años. La decisión de  aventurarse más allá de las fronteras del mercado nacional nació a mediados de los 70, de la visión futurista de los empresarios avícolas, quienes percibieron en aquel entonces, el ritmo de desarrollo de la actividad y del consumo interno. Las posibilidades comerciales que existían externamente, hicieron posible en 1975 la primera venta al exterior: 3,600 toneladas de pollo entero congelado y clasificado por pesos al Medio Oriente, una iniciativa que ha sido el arranque de un interminable ciclo virtuoso de la actividad.

Al aventurarse con seriedad, celeridad y profundidad en el mercado externo en las siguientes décadas, la actividad iba enfrentándose con los muchos requerimientos que le llegaban, y que siguen llegando, tales como exigencias técnicas de distintas naturalezas, muchas en verdad barreras comerciales disfrazadas y con el intento de frenar el ímpetu exportador nacional y su avance sobre los mercados del mundo. El cumplimiento gradual de todos los requisitos para seguir exportando y creciendo en el mercado externo, ha exigido que el negocio fuera también cambiando y perfeccionándose en distintos frentes y niveles con la misma velocidad e intensidad, produciendo un avance tecnológico, en espiral ascendente, muy significativo para la actividad como un todo.

Participación en el mercado externo 

Como en un continuo que perdura y alimenta la actividad hasta la fecha, entre más exigencias recibe la avicultura nacional, más avances a la larga esto genera, lo que se traduce en productos cada vez más competitivos, inocuos y de mejor calidad. Al final, amplía el poder de penetración comercial y de participación brasileña en el mercado de exportación. El resultado de estas tres décadas son los números de exportaciones brasileñas de carne de pollo pronosticados para 2011: cerca de 3.8 millones de toneladas, 85% de las cuales lo absorben 20 países y el restante 14% otros 124. Esto genera ingresos superiores a $7 mil millones de dólares a las empresas y da al país una participación de un 40% en el comercio internacional.

Al apuntar hacia el prometedor y exigente mercado japonés, al final de los 70 e inicio de los 80, la industria avícola brasileña adoptó un conjunto de prácticas industriales recomendadas por los importadores, para poder cumplir satisfactoriamente las especificaciones físicas de los productos. Entre las innovaciones introducidas a partir del inicio de esta relación comercial, las más significativas quizá hayan sido: la difusión del concepto de que la calidad de los productos terminados se aseguraba no con la inspección al final de las líneas de producción, sino que “haciéndose  calidad” en cada eslabón de la cadena productiva, sustitución del método de recolección de los pollos por las patas por la recolección individual que junto con el concepto anterior, evitaba defectos de la canal relacionados con el proceso existente. Finalmente, aunque no menos importante, la introducción del proceso de trozado manual, única forma que tenían las empresas de cumplir con las estrictas exigencias de calidad de los productos producidos para dicho mercado.

Corte manual vs. a máquina 

La abundancia, actitud y el costo relativo competitivo del capital humano existente hizo viable el pronto reemplazo de las líneas de corte automáticas, entonces muy pocas y recientes en el país, por líneas manuales. Pasadas las dificultades iniciales de la implementación de cualquier nueva tecnología, despegó el proceso manual. A la larga, con el aumento de la demanda del atractivo mercado japonés, se juntaron otras a la producción de las pocas empresas pioneras. La necesidad que tuvieron de adoptar el proceso manual de corte, consolidó el liderazgo de las líneas manuales en las salas de corte de los frigoríficos brasileños.

Mientras maduraban su relación con la tecnología, las empresas despertaron al potencial comercial detrás del método, pues los cortes originados de las líneas manuales eran de más alto rendimiento y de mucho mejor presentación que aquellos hechos a máquina. Igualmente, se dieron cuenta de que cualquiera podía hacer y vender productos a máquina, pero a mano, artesanalmente y con una presentación impecable, solo aquellos proveedores que disponían de capital humano competitivo, en ese entonces, Brasil y Tailandia y, en menor escala, China.

Después, las empresas brasileñas aprovecharon esta ventaja significativa competitiva, metiéndose con fuerza en los mercados que buscaban, reconocían y pagaban más por un producto premium, mientras se alejaban del mercado de commodities. Esto generó un importante cambio en el perfil de las exportaciones, que redujeron la participación de los pollos griller y broiler y cortes y productos básicos, por cortes sofisticados.

Las cifras de UBABEF (Unión Brasileña de las Empresas Productoras y Exportadoras de Pollo) muestran que en 1990, 70% del volumen de carne de pollo exportado por Brasil era de pollos enteros y 30% de cortes, proporción que fue justo al revés, en 2010. Detrás del cambio se encuentra que el precio promedio de la tonelada de cortes es históricamente un 30% arriba del precio promedio de la de pollo entero.

La población mundial va pasar por transformaciones importantes en las próximas décadas, que van afectar de manera trascendental la demanda de productos agropecuarios, en general, y de las carnes, sobre todo de pollo, de manera específica. Los países que estén en condiciones de satisfacer esta demanda van a consolidar su posición de liderazgo en el comercio mundial. Brasil, con su industria avícola de punta, tiene todas las condiciones de ser uno de ellos.