Ante los sucesos informados oficialmente del brote de influenza aviar H7N3 en el estado de Jalisco, en México, nos enfrentamos una vez más al fantasma acechante de la sanidad de las aves y también a la responsabilidad de la industria avícola en lo que respecta a la bioseguridad.

Pero, en este caso, hay algo más que quiero agregar: el haber tenido la capacidad de hacerlo y de hacerlo rápidamente, en cumplimiento con las normas internacionales.

Según el informe de notificación inmediata de la Organización Mundial de Sanidad Animal, OIE, el suceso se inició el 13 de junio, se confirmó el día 21 y para el día siguiente, el 22 ya se había notificado a este organismo por parte del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, Senasica, de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, Sagarpa.

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Creo que es de alabar lo que las autoridades de sanidad animal y la industria avícola de México están haciendo. No solo la respuesta ha sido muy rápida, sino que se están echando a andar una serie medidas para controlar y erradicar, y por ende proteger a la industria mexicana y mundial. En estos momentos “hay un ejército de personas laborando en esa zona del estado de Jalisco”, según nuestros contactos, lo que refleja qué es lo que se está haciendo.

También es importante que Senasica esté haciendo énfasis a la población de que el virus “no afecta a los humanos, ni representa riesgo alguno para el consumo de productos avícolas, únicamente afecta a las aves”, de conformidad con lo establecido por la OIE.

Cabe destacar que México estaba libre del virus de influenza aviar de alta patogenia desde junio de 1995 y que se cuenta con un programa permanente de vigilancia, mediante muestreos en todas las entidades federativas. Para el 2011, se habían ya trabajado 315 mil 604 muestras.