Ese inmenso país que es Brasil, en los últimos años nos ha sorprendido a todos por su crecimiento, empuje, dinamismo empresarial, capacidad de producción y exportación y por tomar la estafeta del liderazgo latinoamericano. Pero… ¿qué pasó este año pasado en la avicultura? Según informes dados a conocer a mediados de enero de este año por la misma Unión Brasileña de Avicultores, Ubabef, la producción de carne de pollo cayó un 3.17 por ciento en 2012 con respecto al año anterior.

A pesar de esto, Brasil sigue siendo el mayor exportador de pollo en el mundo y el tercer mayor productor después de EUA y China. Es difícil imaginar que pueda perder estos puestos de primacía mundial, porque todos los demás países estamos muy lejos en cifras de producción. En Latinoamérica, el segundo y tercer país mayor productor es México y Argentina, pero si Brasil produce casi 6,000 millones de pollos al año, México “apenas” produce 1,500 millones y Argentina poco más 800 millones, ambos muy lejos. Un 3.17 por ciento de disminución en la producción podría no parecer mucho, pero es alrededor de 190 millones de pollos, es decir, la producción anual de Bolivia y Uruguay, juntos, o de Guatemala y El Salvador.

No deja de sorprendernos, porque Brasil es además un enorme productor de las materias primas que constituyen la mayor parte del costo de producción: maíz y soya. Además, según los informes, este año habrá una buena cosecha de estos ingredientes en Suramérica, por lo que ese no podría ser el problema, según parece.

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Los directivos de la misma Ubabef informaron que el año pasado la industria avícola brasileña enfrentó la mayor crisis de su historia, aunque, a pesar de eso mantuvieron sus atributos de calidad, salud y sustentabilidad. Creo que de esto no cabe la menor duda en el mundo entero.

Al parecer, la disminución en la producción se debió a los altos precios de esas dos materias primas antes mencionadas: maíz y soya. Pero a este hecho, nos enfrentamos todos los países y las industrias avícolas, no nada más los avicultores brasileños. Y peor aún, porque además de altos precios, los importadores tenemos que pagar altos costos de fletes, sobre todo en países como Colombia, los países del istmo centroamericano o el mismo México. A esta problemática, se aunó la falta de créditos para los productores avícolas y agroindustrias en general de Brasil, lo que causó paros y despidos por miles. Hay grandes empresas que se han comido otras, pero hay otras grandes también que se vieron en serios problemas, como Doux Frangosul, según informes de aquel país. Me queda claro que es cierto el dicho de que “depende del tamaño del sapo la pedrada”. Si se es chico, la caída puede ser pequeña, pero si se es grande, la caída es grande, y estrepitosa también.

Sin llegar a ser alarmista, hay que ir observando qué pasa en Brasil. No sólo es la avicultura, según los expertos, sino toda la economía en general. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina, Cepal, el crecimiento de Brasil en 2012 fue de 1.2 por ciento, pero se espera que sea del 4 por ciento, mientras que Argentina deberá crecer un 3.9 por ciento y México un 3.8 por ciento. Ojalá que así sea, para que vuelva a crecer la industria.