Conocer a Don Juan Duch, dueño de Granja Catalana en San Salvador, y charlar con él, es una experiencia gratificante. Ícono de la avicultura salvadoreña, incansable trabajador, conocedor de su mercado y orgulloso de su gremio, nos cuenta en este artículo su historia y experiencia como productor.

Inicios de la empresa

Ser empresario en El Salvador, país que junto con otros de la región ha tenido  en la historia reciente problemas sociales de relevancia, no ha sido miel sobre hojuelas. Don Juan Duch tiene más de 50 años de conocer la industria avícola. Empezó en Reus, España, que en aquel tiempo era la capital del huevo de aquel país. En ese entonces había muchas limitaciones, por ejemplo, "a las 30 semanas, la gallina que había puesto más la ponían como reproductora" comenta Don Juan.

Aprendió y se entusiasmó con la avicultura y en 1954 se fue a El Salvador. En aquella época, su hermana montó un gallinero, negocio que después perdieron. Hacia 1956, pone 500 gallinas en jaulas en el patio y jardín de su casa. "Era difícil: no teníamos vacunas ni antibióticos; no había ningún profesional que supiera de aves" recuerda Don Juan.

Poco a poco y con mucho trabajo, "no tengo herencia, ni soy noble" nos dice entre risas Don Juan, fue creciendo el negocio. Para 1970 ya tenían 60 mil gallinas. "Que esto le sirva a la gente joven: no hay que ponerse metas muy cortas. Cuando empecé con 500 gallinas, me dije: voy y quiero llegar a 60 mil gallinas y un millón de colones, antes del 70. Ganar esa fortuna, es un gran esfuerzo". Cuenta que trabajaba 16 horas diarias entre el gallinero y el empleo normal que tenía de día. "El periodo de crecimiento fue duro, más de 10 años para llegar a 60 mil. Todo lo que se ganaba era para el crecimiento".

El Salvador de los 80 y la consolidación

Para la década de 1980 ya tenían una buena granja: se asoció con Napoleón Bolaños padre, en tres empresas, además de que cada quien tenía la suya propia. Luego vinieron los cruentos tiempos de guerra en donde perdieron dinero. En 1982 les saquearon la granja y se quedaron sin gallinas y sin nada.

"Así que me quedé del 82 al 86, con sólo 15 mil gallinitas; recupere unas galeras de otra granja en piso, y seguí", nos relata Don Juan Duch. Para 1986 ya se había calmado algo la situación y entonces, mediante un crédito pusieron 6 galeras de 16 mil gallinas cada una, y así hasta casi 1990.

Para 1994, con las leyes de fomento a la inversión, invirtieron en la renovación de  las jaulas viejas. Luego montaron equipo nuevo Big Dutchman en 4 galeras de 40 mil cada una. Para 2000, probaron con una galera española de 46 mil gallinas con recolección de excretas. El negocio siguió para adelante y después montaron otra de 108 mil, además de los 4 galeras de 40 mil.

La actualidad

Granja Catalana actualmente se encuentra ampliando galeras y construyendo nuevas con clasificadoras. Además, piensan ahora en darle más espacio a cada gallina, ya que las leyes se están haciendo más exigentes.

"No estamos limitados en crecer, yo creo mucho en la exportación de productos. Para el crecimiento hay que exportar", dice Don Juan. "Cuando digo yo, es nosotros, Granja Catalana". A lo que su sobrina, Ana Vidiela Duch, añade entre risas: "Si, Granja Catalana y él, son casi lo mismo".

El mercado

Con las importaciones, la cosa es diferente: Dado que el alimento es más caro que en EUA, sólo por el flete, "no podemos competir con extranjeros. Tenemos que tratar de mantener la producción nacional con buen abastecimiento al mejor precio posible".

"Nuestro esfuerzo, el mejor esfuerzo de Granja Catalana, es producir lo más barato posible, para tratar de vender lo más barato posible y que le llegue al consumidor directo, a la gente humilde".

El 60 por ciento de la producción de Catalana la compra directamente el consumidor, no  los mayoristas. Los mayoristas a los que venden no compran más de 20 cajas al día, es decir, 100 a la semana. A Catalana no le ha convenido vender a mayoristas más grandes, porque al final compiten con ellos mismos en precio y con el mismo producto. Para la empresa en una forma de mercadeo: sencillamente no gastan en distribución.

Producción

En la actualidad, Granja Catalana produce 2,000 cajas diarias (720 mil huevos), aunque tiene capacidad para producir 2,400. Esto representa que tienen 850,000 aves en producción en promedio. Esta cantidad los mantiene estables y no pretenden colocar más en el mercado para no desestabilizarse. Es preferible asegurar la venta de la propia producción.

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El 80 por ciento de las aves son Hy-line de Guatemala y el resto es ISA Brown. La empresa no cuenta con reproductoras. Dependen casi por completo de Criaves. "Para mí, Criaves es de las buenas en Centroamérica, es la mejor, y podría decir que de Latinoamérica. Se portan como todos unos señores, no tenemos nada que reprocharles" señala Don Juan.

El Salvador, país pequeño, enfrenta desafíos en la producción, tales como el problema continuo que provoca la gallinaza, por que no hay dónde ponerla ya. Así que hay que pensar en todos los aspectos antes de aumentar la producción.

Clasificación de huevo

En este país, quizás solamente haya dos empresas que tengan clasificadoras de huevo. Granja Catalana es una de ellas. Cuentan con tres máquinas Diamond de 100 cajas cada una. En la época de la entrevista estaban esperando montar otra máquina nueva más.

En el mercado salvadoreño, el huevo pequeño, mediano y grande se paga mejor por peso; el extra y el jumbo, no tanto, porque no se paga la diferencia.  Es por eso que prefieren tener una parvada joven de aves que ponen más huevos con menor peso.

El huevo lo venden por tamaño y por peso. Por ejemplo, el cartón de 1,500 g de 30 unidades, sale con huevos de 50 g en promedio, y así sucesivamente con el de 1,700 g y 1,900 g. Garantizan siempre un peso mínimo, pero el tamaño también tiene qué ver, ya que, por ejemplo, venden a Pollo Campero, restaurantes que necesitan uniformidad constantemente. Lo clasifican por tamaños, pero realmente todo el huevo se vende pesado, porque cada tamaño tienen que tener un peso determinado. Solamente con clasificadoras se puede comercializar así el huevo, y sobre todo, garantizarlo.

Todo esto ha sido por iniciativa propia de la empresa, ya que no existe normalización al respecto. En El Salvador se ha reducido el número de avicultores, pero han crecido en capacidad. En la actualidad hay mucho avicultores que producen 100 o 150 cajas al día, pero no tienen acceso a la compra de una clasificadora. Catalana no guarda inventario por más de tres días y al parecer la competencia hace lo mismo.

La avicultura nuestra

"Aquí lo que tenemos es un gremio de los mejores del mundo, no sólo de Centroamérica, de eso estoy seguro". Hay una sola asociación, AVES, la Asociación de Avicultores de El Salvador. En ella están están los fabricantes de alimentos, incubadoras, productores de pollo y de huevos.

"Desde que la fundamos, y en aquellos tiempos tenía unas cuantas gallinas, que hasta me daba vergüenza llamarme avicultor, nunca ha habido pleitos; hay diferencias y problemas como en todas partes, pero nos mantenemos unidos hasta hoy día".

Esta percepción como gremio es muy importante, ya que por ejemplo, en tiempos de guerra recibieron apoyo del gobierno y se repartían las materias primas que había. "Es un orgullo pertenecer al gremio avícola salvadoreño".

El gremio nació, no gracias a la ley de fomento avícola, sino que nació gracias a la colaboración que tuvieron todos. Por ejemplo, según nos cuenta Don Juan, la fábrica Aliansa, también fundadora, financió a la avicultura nacional con créditos del alimento que fabricaba. "¡Pero quien hace eso en el mundo! Nadie". En contraposición, ahora todo es con compras pagadas por anticipado.

Otro de los ejemplos de unidad del gremio que menciona el Sr. Juan Duch, es el apoyo que le dieron a su anterior gerente, Don Carlos Molina, q.e.p.d, que estuvo 40 años en AVES y que dio la vida por los avicultores.

Congreso Latinoamericano

Catalana, como varias de las empresas salvadoreñas, estarán presentes en el XXII Congreso Latinoamericano de Avicultura, gracias a la labor de Don Agustín Martínez. Don Juan Duch se siente muy orgulloso de participar con su gremio, y con respecto a su empresa termina deciendo: "siempre digo que no somos los más grandes, pero sí somos los mejores".