Diversas entidades mundiales como los países que integran el G-20 y Oxfam Internacional en los últimos días han mostrado gran preocupación por el alza del precio de los alimentos. Es así como en Argentina durante la reunión de los ministros de agricultura de los países que integran el G-20 y representantes de organismos multilaterales, el principal tema de debate fue sobre la volatilidad y los precios de las materias primas, especialmente los alimentos.

El último día de mayo, Oxfam Internacional, organización de ayuda humanitaria informó en un reporte que los precios de los alimentos básicos, como el maíz, están hoy en su punto más alto y se duplicarían en 20 años a menos que los gobiernos adopten medidas para reformar los sistemas de producción y distribución.

El encuentro realizado por el G-20 fue preparatorio a la cumbre de ministros de economía y finanzas que antecede a la reunión de jefes de Estado en noviembre. En esta reunión se propuso discutir sobre el ciclo productivo agrícola, la oferta y la demanda, además de la regulación de los mercados financieros asociados con la especulación de los alimentos. En este sentido hay opiniones divergentes mientras algunos países impulsan la idea por controlar y limitar el alza de los precios existen otros países productores que pretenden mantener el ciclo favorable en la coyuntura de los términos de intercambio. Entre estos últimos, están Brasil y Argentina que se verían afectados en sus ingresos derivados de las exportaciones si disminuyeran los precios internacionales de sus producciones. Estos países argumentan que más que limitar los precios, hay que avanzar por un aumento de la producción agraria en función de la demanda mundial, precisamente en el sur del mundo. El raciocinio es la baja de los precios vía una mayor oferta de los productos y no a la regulación.

Por su parte, para Oxfam Internacional el problema de fondo es un modelo productivo defectuoso y de distribución, donde la problemática del aumento en el precio de los alimentos está llevando a muchas personas a nivel mundial a una situación de extrema pobreza. “El sistema alimentario está bastante estropeado en el mundo”, dijo la jefa ejecutiva de Oxfam, Sra. Barbara Stocking.

De acuerdo a la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación, FAO, a fines del año 2009 existían 1,020 millones de habitantes que sufrían de hambre en el mundo, en tanto datos recientes del Banco Mundial demostraron que a comienzos de 2011 hay 44 millones más de pobres, esto debido principalmente a que los precios en el mes de abril habían subido en 36% con respecto al mismo mes del año anterior.

Según la ejecutiva de Oxfam, se prevé que los precios de los alimentos se incrementarían entre 70% y 90% en términos reales hacia el 2030 antes de tener en cuenta los efectos del cambio climático, que duplicaría el aumento de precios nuevamente.

El Sr. Josef Schmidhuber, director adjunto de la división de estadísticas de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación, FAO, dijo que estaba completamente de acuerdo con el mensaje del informe de la Oxfam pero que discrepaba en la previsión de precios de los alimentos a largo plazo.
“No creería que aumentarán rápidamente los precios de los alimentos si no hubiese un incremento real de los precios del petróleo”, dijo Schmidhuber desde Roma. Además, agregó “yo no diría que el sistema de alimentación está quebrado”.

Hay certeza que existen países demandantes de alimentos y preocupación por el encarecimiento, que afecta la calidad de vida de los sectores sociales más desprotegidos y vulnerables. China y la India, donde habita el 33% de la población mundial, existiendo una gran pobreza, son grandes compradores de alimentos y demandantes de recursos naturales, ya que en la actualidad se encuentran favorecidos por la expansión de sus economías. Especialmente en el caso de China, los ingresos producidos por sus exportaciones le han permitido enfrentar los precios en alza que intentan moderar invirtiendo en el ciclo productivo, comprando tierras y participando en la producción y distribución en la región latinoamericana.

Por otra parte hay gran incertidumbre en el sistema mundial, ya que los principales países tienen grandes dificultades que no han sido resueltas. Como es el caso de EUA que presenta una importante crisis fiscal y endeudamiento, la crisis europea no sólo de Grecia, Portugal y España, sino de los bancos acreedores (alemanes y franceses) de una importante deuda pública en esos países con problemas.

Para el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, las fuertes alzas en los precios de los alimentos afectarán principalmente a los países más pobres de América Latina, donde las tasas de inflación se elevarán más de cinco puntos porcentuales este año.
Además, el BID indicó que en algunos países con sistemas de tasas de cambio flexibles, como Brasil, Colombia y México, las monedas tienden a apreciarse en respuesta al alza de los precios de los alimentos, y como resultado de ello se amortigua el impacto sobre los precios internos. Sin embargo, los países más impactados son aquellos en que los alimentos representan gran parte de su canasta de precios y que tienen poca o nula flexibilidad de tipo de cambio como para recurrir a ella. Entre estas naciones se encuentran Bolivia, República Dominicana, Guatemala y Honduras.

Al concluir la reunión del G-20 se decidió estimular la inversión en agricultura para aumentar la oferta; lograr la transparencia en los mercados agrícolas con mayor información, para que haya menos especulación; el diseño de mecanismos de acción para sortear una crisis alimentaria; darle un tratamiento a la volatilidad de precios; y, por último, se insistió en la necesidad de regular, sí, los mercados financieros asociados a la volatilidad en el precio de commodities. Estos acuerdos son formulaciones genéricas, diplomáticas, para frenar los debates previos asociados al establecimiento de precios límites y sin mucha capacidad para ser instrumentados en el corto plazo.

Indiscutiblemente, siempre habrán países con ventajas y otros en desigualdad de condiciones debido al rol que cumplen dentro de la comercialización de los alimentos, vendedores y compradores, y el alcanzar un acuerdo que beneficie a todos es una quimera. Sin embargo, el aumento de los precios de los alimentos es una realidad que afecta a la sociedad en su conjunto, primordialmente a la canasta básica de los sectores más vulnerables de la población. En este caso se tornan imperantes los programas y políticas gubernamentales para afrontar esta situación.