El 70 por ciento de los electores en la muy agrícola provincia de Córdoba votaron por Macri para acabar con 12 años de kirtchnerismo en Argentina. El empresario convertido en Presidente de la República, jurará su nuevo cargo el 10 de diciembre próximo y los analistas esperan que, en cumplimiento de sus promesas de campaña, algunos de sus primeros actos de gobierno faciliten y propicien la liberación al mercado internacional de 15 millones de toneladas de granos (entre trigo, maíz amarillo duro y soya), represados voluntariamente por los agricultores argentinos a la espera de mejores condiciones para la venta.

Agustín Pizzichini, vicepresidente segundo de la Federación Agraria Argentina (FAA), consultado por Clarín, recordó que “los productores votaron masivamente a Macri porque querían un cambio en la política agropecuaria”. Ese cambio esperado tiene que ver con tres circunstancias principales: la “sinceración” en el registro de la inflación y del irreal cambio del dólar vigente (hasta 40 por ciento más barato que el dólar negro), la liberación del mercado de divisas y la reducción de las retenciones o de impuestos al exportador de granos, establecidos desde 2007 y que son hoy una importante fuente de recursos para el gobierno central.

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En la actualidad, los productores argentinos de soya deben pagar 35 por ciento de impuestos; 23 por ciento para el caso del trigo y 20 por ciento en el del maíz. Esto es un gran golpe para el campo, ya que no hay subsidios estatales para la producción. Además, el modelo de corte socialista impuesto por el kirtchnerismo dispuso de la necesidad de autorización oficial de exportaciones, con cupos exportadores, con el argumento de garantizar la seguridad alimentaria del país.

Si Macri realiza las reformas necesarias para levantar estas trabas al flujo exportador, se estima que el país podría recibir en los próximos meses cerca de US$10,000 millones solamente por concepto de nuevas exportaciones de cereales y soya. Si bien todavía no hay definiciones concretas, es difícil pensar que el nuevo presidente argentino elimine por completo los impuestos a las exportaciones. “Es probable que se dé una liberación total por un periodo corto, hasta marzo o hasta mitad de 2016, para liberar los stocks represados, además en ese tiempo empezarían las cosechas de la nueva campaña, pero por eso no es sostenible dejarla abierta permanentemente”, comentó el analista Rogelio Frigerio, de la consultora Economía & Regiones, quien explicó que las retenciones a las exportaciones de granos hicieron subir en 68 por ciento los ingresos por impuestos del Estado, de 2007 a 2015.