Es fácil distraerse por lo que salta de los titulares de los periódicos sobre los problemas de sanidad avícola de la influenza aviar, enfermedad de Newcastle y salmonela. Aunque éstos muy bien podrían ser los problemas de enfermedades que más presionan a nuestra industria, el peligro es que la concentración de todo el tiempo y los recursos en ellos tiende a ignorar a aquéllas enfermedades que podrían tener un impacto crónico y significativo sobre el desempeño y la rentabilidad, todos los días.

El control de la infección de la enfermedad de Marek depende de la combinación de una vacunación eficaz y de una limpieza y desinfección de alta calidad de las casetas avícolas. Alguna deficiencia en cualquier área puede hacer inclinar la balanza a favor del virus más que del ave.

La enfermedad de Marek se describió por primera vez hace 80 años como una condición que causa parálisis de las patas y de las alas debido a la inflamación de los nervios. En ese entonces se conocía como parálisis del ave. En las décadas de 1920 y 1930, se relacionó con tumores internos en varios órganos tales como hígado, bazo, riñones y pulmones. La enfermedad se convirtió en una limitante importante para el éxito de las industrias de ponedoras y pollo de engorda en desarrollo en la década de 1960, debido a unas tasas de mortalidad muy altas de hasta el 80%.

La aparición a finales de la década de 1960 de buenas vacunas atenuadas fue uno de los factores más importantes que permitió el desarrollo de la industria avícola hasta donde ha llegado hoy en día.

La enfermedad se puede manifestar en una serie de formas que se relacionan con el tipo de ave, con cuándo se infecta la parvada, la higiene general y la bioseguridad en las granjas de crianza y postura, la presencia de otras enfermedades y las vacunas usadas o la cepa del virus involucrada.

Signos y síntomas

En aves de postura, el productor puede sospechar que hay enfermedad de Marek si identifican aves con parálisis, a menudo con una pata que arrastran o alas caídas. En otros casos, simplemente puede haber una mortalidad más alta de lo esperado o una serie de aves que se atrofian.

En pollo de engorda, las pérdidas se deben principalmente a altos índices de decomisos en el sacrificio, predominantemente de la forma cutánea (de la piel) de la enfermedad de Marek. En pollos de engorda criados al aire libre o en aves que se llevan a mayores pesos, la mortalidad puede resultar de tumores internos, predominantemente del hígado y bazo.

En pavos, a menudo la mortalidad aguda se puede relacionar a los tumores internos del hígado y bazo cuando se han criado en la misma caseta que pollos infectados.

Incluso, cuando no hay mortalidad aguda, los efectos sobre los órganos internos pueden llevar a lesiones importantes del sistema inmunológico. Esto se puede relacionar con un desempeño subóptimo y brotes clínicos de otras enfermedades tales como la coccidiosis, fuertes infestaciones de helmintos o enfermedades virales como la de Gumboro. El sistema inmunológico alterado tampoco puede responder a vacunaciones de rutina, de ahí que deje a las parvadas incapacitadas para poder resistir una amplia gama de desafíos de enfermedades que afectan el desempeño.

Todo esto significa que si el desafío espontáneo del virus de la enfermedad de Marek se deja acumular, puede afectarse el desempeño incluso sin que se dé un diagnóstico específico de la enfermedad de Marek clínica.

Programas de vacunación

Este círculo vicioso continúa, al tiempo que la acumulación de la "infección silenciosa" puede poner presión sobre cualquier programa de vacunación del virus de la enfermedad de Marek. Se cree que este fenómeno ha llevado al surgimiento normal de más y más patotipos virulentos del virus de la enfermedad de Marek desde que aparecieron por primera vez vacunas en la década de 1970. Los investigadores tuvieron entonces que trabajar mucho para desarrollar vacunas cada vez más eficaces para mantenerse por delante del virus y prevenir brotes clínicos.

La vacunación no es nada sencilla. Debido a la persistencia del virus en el ambiente, la vacunación es una carrera contra el tiempo para lograr que el ave produzca una respuesta protectora antes de que llegue a la infección de campo. Estos requisitos y la naturaleza del virus significan que la protección solamente se puede lograr mediante la inyección física del pollito con vacuna atenuada. Esto se hace ya sea al primer día de edad por inyección intramuscular en la pierna o cuello, o cada vez más en el embrión no eclosionado mediante una inyección del huevo incubable en la transferencia.

La buena respuesta a la vacunación depende de la elección de la cepa vacunal correcta, la preparación adecuada de esta delicada vacuna y de su administración precisa en cada uno de los pollitos. Incluso así, es posible que no funcione la protección ofrecida por la vacuna al exponer a las aves vacunadas al virus de campo muy temprano o en cantidades tan grandes, que la respuesta vacunal se ve aplastada.

Desafíos virales

Para obtener el beneficio de todo este trabajo duro, es importante reducir la exposición de las aves jóvenes al virus de campo virulento. Los pollitos recién nacidos deben colocarse en casetas completamente limpias y desinfectadas que estén bien separadas de las casetas de los pollos más viejos. Esto se puede lograr mediante un programa de bioseguridad estructurado que se concentre en la limpieza y desinfección terminales con productos de actividad virucida comprobados.

En aves infectadas, el virus se excreta en el polvo de las plumas y el polvo en general, por lo que la contaminación ambiental en todas las superficies y la cama puede ser alta en las parvadas infectadas. Además, ya que el virus sobrevive a la temperatura ambiente por mucho tiempo (65 semanas) cuando se relaciona con las células, y es resistente a algunos desinfectantes (amonio cuaternario y fenol), es importante la selección del desinfectante virucida adecuado.

Por lo tanto, es básico que la limpieza del primer paso sea capaz de eliminar todo el material orgánico de las superficies con buenos agentes de limpieza física y desgrasantes para levantar el material de las perchas, nidales y otras superficies de madera.

Vacunación e higiene para el control

El Marek es una enfermedad viral que puede causa daños económicos importantes a la producción avícola a través de una gran variedad de efectos directos e indirectos. La vacunación sola no va a controlar todos estos efectos. Este virus perseverante puede sobrevivir en el ambiente durante 65 semanas. Los folículos de las plumas en la piel son el lugar de la replicación viral que resulta en polvo de plumas, polvo y cama que contienen el virus que luego se disemina por el aire. Las buenas prácticas de higiene van a prevenir la transferencia de los organismos de Marek, con lo que así se garantiza que cada nuevo grupo tenga un inicio fresco completamente limpio junto con una vacunación eficaz, puntos clave para controlar la enfermedad.