Todas las aves comerciales, en algún momento de su vida, se infectan con coccidias. Eso significa que solamente en EUA unos 8,882,000,000 de pollos al año se infectan con coccidias, sin contar a las ponedoras, reproductoras y pavos, Las coccidias son parásitos protozoarios (Eimeria spp ) que infectan el intestino o los ciegos de las aves. El nivel y las especies de coccidias van a variar de acuerdo con los programas anticoccidianos, el manejo y la edad de las aves.

Hay varios factores que le permiten a las coccidias diseminarse rápidamente e infectar grandes cantidades de aves criadas en confinamiento. Todas las Eimeria spp que infectan aves tienen un ciclo de vida rápido, de aproximadamente 7 días, además de una alta capacidad de reproducción. Un oocisto de Eimeria (fase de infección externa) puede producir decenas de miles de oocistos coccidianos. En una caseta avícola donde hay millones de oocistos, es fácil entender cuán rápido puede ocurrir un problema parasítico clínico. Los oocistos son altamente resistentes a las condiciones ambientales, en las que se incluye a los desinfectantes normales que no tienen efectos nocivos. La eliminación de la cama usada, las mejoras a ésta y el tratamiento de los suelos con flamas puede reducir el nivel de oocistos. Sin embargo, debido a la capacidad reproductiva alta, la caseta se va a contaminar una vez más antes del final del período de producción del ave. Más adelante se hablará de las diferencias en sincronización y gravedad de la coccidiosis en cama acumulada y en el período de descanso entre parvadas de las casetas.

Otra característica importante de la Eimeria es la muy limitada protección inmunógena transespecie. Un ejemplo es que la inmunidad desarrollada contra la E. acervulina no va a brindar ninguna protección contra la E. maxima o la E. tenella, dos de las principales especies que infectan pollos.

Prevalencia de especie

La tecnología de la reacción en cadena de polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés) utiliza la amplificación de secuencias de ADN específicas a la especie para determinar la especie de Eimeria presente en la cama avícola. Jenkins, del ARS del USDA, mediante la tecnología PCR examinó más de 100 muestras de cama de campo en las que encontró E. acervulina y E. maxima en todas ellas. Al menos el 50 por ciento de las granjas presentaba E. praecox. La existencia de las otras especies disminuyó a partir de ahí, en las que ocasionalmente se observó E. tenella (~ 5-10 por ciento) y rara vez la E. brunetti y la E. mitis (< 5 por ciento). Esta tecnología se aplica para darle seguimiento no sólo a especies, sino a cepas de Eimeria en granjas avícolas. El método tradicional de usar la necropsia de campo para diagnosticar coccidiosis ha mostrado una prevalencia similar de especies. Fitz-Coy, mediante la necropsia y el examen microscópico, encontró que la prevalencia promedio de E. acervulina, E. maxima y E. tenella en tres complejos avícolas fue de 26, 44 y 6 por ciento, respectivamente.

Cronología de la coccidiosis

A la ingestión de cantidades suficientes de oocistos coccidianos que producen signos clínicos de la enfermedad se le conoce como coccidiosis. El daño al tejido intestinal sucede durante el crecimiento del parásito dentro de las células. La extensión del daño se relaciona a las especies, cantidad y frecuencia de la exposición. La coccidiosis, incluso en casos leves, ha tenido un impacto negativo sobre la producción con pérdidas en la conversión alimenticia, ganancia de peso, uniformidad, pigmentación y un aumento en la mortalidad.

Teeter examinó los efectos de la coccidiosis en varios puntos del crecimiento de pollo de engorda mediante una cámara calorimétrica. Encontró que los efectos perjudiciales de la coccidiosis son más marcados conforme maduran las aves, especialmente durante el principal período de crecimiento que sucede en la última fase de la engorda. Debido a que no se puede evitar del todo a la coccidiosis, es mejor tener un nivel controlado de coccidiosis al inicio, para que las aves puedan desarrollar una inmunidad adecuada y para permitir que la ganancia compensatoria de desempeño llegue a todo su potencial. Una vez dicho esto, también es importante no desafiar demasiado a las aves durante las primeras semanas de vida. Algunas de las estirpes de alto rendimiento se retrasan con facilidad si se topan con estrés extremo durante la fase de crianza. El uso inadecuado de vacunas anticoccidianas (por ejemplo, la sobredosificación) o mantener a las aves confinadas en el área de la criadora por demasiado tiempo pueden aumentar mucho el desafío a las pollitos jóvenes. Se pueden prevenir los daños iniciales con la adecuada aplicación de la vacuna y el uso de medicamentos anticoccidianos, así como el correcto manejo de la granja.

Con todas las vacunas existe una pequeño pico de diseminación de oocistos alrededor del día 7, seguido de uno mayor a los días 18 al 24, y luego un descenso constante (cuadro 1). Debido a que las coccidias se multiplican dentro de las aves, va a haber algún grado de daño intestinal, especialmente durante el período pico de los días 18-24. El Clostridium perfringens prolifera donde hay daño intestinal, lo que permite que se desarrolle la enteritis necrótica. Tradicionalmente se han usado los aditivos alimenticios de antibióticos promotores del crecimiento (APC) para controlar la enteritis necrótica. Debido a muchos factores, ha disminuido el uso de los APC. Se han planteado varios productos naturales para reemplazar a los APC. Duffy y Mathis han demostrado que los aditivos alimenticios de carbohidratos funcionales tales como los mananooligosacáridos en combinación con extractos botánicos pueden mejorar el desempeño del pollo de engorda y reducir los niveles de enteritis necrótica en las aves vacunadas con coccidianos.

Cuadro 2: Sensibilidad a los medicamentos anticoccidianos 

El control de la coccidiosis se basa en la inmunidad

Las Eimeria son muy inmunógenas. Con cada ciclo de coccidias en el huésped, aumenta la protección inmunológica. El desarrollo de la inmunidad autolimitante, que tarde o temprano protege a la parvada, es un objetivo muy crítico para un programa de control de la coccidiosis, ya sea con la vacunación o con un programa de medicamentos anticoccidianos. Hoy en día, la coccidiosis avícola se controla mediante el uso de la alimentación profiláctica de medicamentos anticoccidianos o de la vacunación con vacunas vivas coccidianas. Ambos tipos de programas se basan en el desarrollo de la inmunidad.

Durante más de 50 años se han usado con éxito los medicamentos anticoccidianos. Los anticoccidianos se dividen en términos generales en sintéticos (o químicos) y ionóforos. Los anticoccidianos químicos tienen generalmente un amplio espectro de actividad, alta eficacia, potencial de desarrollo rápido de la resistencia y por lo regular sólo permiten un desarrollo limitado de la inmunidad. Los ionóforos tienen un amplio espectro de actividad anticoccidiana. El uso de anticoccidianos químicos y de ionóforos en programas duales y medicamentos de rotación en cada ciclo de producción ha prolongado la vida de muchos de estos fármacos. Un químico que ha seguido siendo efectivo es la nicarbazina (desarrollado alrededor de 1955). Las combinaciones de nicarbazina y ionóforos proporcionan una ventaja sinérgica anticoccidiana, las cuales se han usado ampliamente. Bafundo estableció que existe la preocupación de un desarrollo más rápido a la resistencia a ambos fármacos, si se usa esta combinación en exceso.

Muchos de estos fármacos todavía se siguen usando con éxito. Sin embargo, hay numerosos informes que muestran una reducción en la sensibilidad hasta cierto grado a todos los fármacos anticoccidianos en alimentos que se usan en la industria avícola. Se esperaba que los ionóforos evitaran esta suerte. Sin embargo, con el uso muy amplio, no hay el mismo nivel de control que cuando se introdujo por primera vez. El cuadro 2 muestra el nivel de sensibilidad de un aislado que nunca ha estado expuesto a ningún medicamento (cepa de laboratorio) en comparación con un aislado comercial de campo de 2008. A todas luces, ha disminuido la efectividad del control. ¿Nos da a entender esto que ya no sirven los ionóforos? No, incluso con una menor sensibilidad van a ejercer algún grado de efectividad. Los parásitos que sí sobreviven y se desarrollan estimulan la protección inmunológica de las aves a las coccidias. La eficacia de este medicamento junto con el desarrollo de la inmunidad proporciona un programa que continúa usándose mucho con éxito.

Newman y Mathis demostraron, mediante patrones de diseminación de oocistos, que fueron mayores los niveles de coccidiosis y posteriormente en un programa de ionóforos anticoccidianos, cuando se criaron a las aves en casetas con cama limpia en comparación con casetas con camas muy usadas o aves vacunadas. La cama limpia no proporcionó los suficientes oocistos para un ciclo adecuado inicial de oocistos y un buen desarrollo de la inmunidad. La cama usada o la vacunación sí brindaron oocistos en niveles suficientes. El inicio retardado de una inmunidad adecuada puede resultar en pérdidas relacionadas con la coccidiosis durante el período de producción más importante en el crecimiento y consumo de alimento, justo antes del sacrificio.

Vacunación

Debido a la mayor demanda de aves libres de medicamentos y a las preocupaciones por la resistencia a los anticoccidianos, en los últimos años ha crecido tremendamente el uso de la vacunación contra la coccidiosis. El único método para producir aves verdaderamente libres de medicamentos es mediante la vacunación. Los programas de vacunación usan oocistos vivos que se administran con aspersión en la incubadora o con gel, un disco de gel colocado en la caja de incubadora, o con dosificación in ovo. Estos métodos proporcionan una cantidad prescrita de oocistos a una edad temprana que permite que avance rápidamente el desarrollo de la inmunidad, aunque a un ritmo calculado. Alrededor de los 14 días de edad se desarrolla una cantidad significativa de protección inmunológica, lo que permite que las aves resistan un desafío sustancial a los 21 a 28 días de edad (cuadro 3). Las vacunas coccidianas son de dos tipos: no atenuadas (no alteradas) y atenuadas. Todas las vacunas contienen al menos E. acervulina, E. maxima y E. tenella. Algunas contienen E. mivati, E. necatrix, E. brunetti o E. mitis, y tal vez más de una cepa de E. maxima. Las vacunas no atenuadas contienen cepas que generalmente son más ligeras que las cepas de campo, pero que mantienen sus características reproductoras y de estimulación inmunológica.

Se han seleccionado cepas de vacuna atenuada para reducir la patogenicidad mediante la reducción del ciclo de vida. Esto se logra al recolectar los primeros oocistos que han pasado (13-27 horas antes). Esta selección ha producido cepas estables que tienen una etapa menos de desarrollo asexual o simplemente tienen un desarrollo más rápido. El paso de E. tenella a través de huevos reduce también la patogenicidad. Esta patogenicidad reducida es el principal punto de venta de las vacunas atenuadas. La desventaja de las vacunas atenuadas es que las cepas tienen menos capacidad reproductora e inmunológica en comparación con las cepas de campo. De esta manera, la administración adecuada es incluso más crítica que con una vacuna no atenuada.

Conclusión

Aunque la coccidiosis siempre se da, se puede controlar. El uso de pruebas de sensibilidad anticoccidiana para determinar el nivel de resistencia va a brindar información sobre qué medicamento presenta el mejor potencial de utilidad. Los programas de vacunación pueden igualarse en efectividad y desempeño a un programa de medicamentos. Los factores clave de la vacunación son la aplicación, el almacenamiento de la vacuna y el manejo de la granja. El uso del programa de medicamentos más eficaz, que incluya el uso de la inmunidad y programas de vacunación, va a brindar un control de la coccidiosis de éxito.