La generación de biocombustibles con la tecnología actual (etanol de la fermentación del maíz o biodiesel de grasas y aceites) se ve como una forma por medio de la cual Estados Unidos puede reducir la importación de petróleo. Los cálculos del grado al que esto podría suceder varían de acuerdo con las suposiciones hechas por la gente que hace pronósticos. Las variables tales como la cantidad de combustible fósil necesario para cultivar, cosechar, secar y transportar granos, así como el rendimiento del cultivo por hectárea y la eficiencia de la fermentación, afectan enormemente los cálculos de ganancia de energía neta. Debido a que la producción de biocombustibles se ha convertido en una política pública establecida, no es de sorprender que el sector avícola (así como el porcino) cuestione el impacto de la producción de estos biocombustibles sobre la alimentación animal y la eficiencia en general de la producción. El objetivo de este breve informe es el de revisar el fundamento de algunas de estas preocupaciones.

Durante los últimos años, este laboratorio ha llevado a cabo numerosos estudios para documentar el valor nutritivo de los granos secos de destilería más solubles (GSDS). En general, cuando se fermentan tres libras de maíz, rinde 1 libra de GSDS, mientras que lo que resta es etanol y dióxido de carbono. Los resultados de esta investigación han sido muy positivos. Los GSDS están libres de factores tóxicos o antinutrimentales, como el gosipol en la harina de semilla de algodón o los inhibidores de tripsina en la harina de soya subcocida. La disponibilidad del fósforo es alrededor del doble en los GSDS que en el maíz original. Por coincidencia, tanto la proteína como la energía metabolizable de los GSDS están casi a medio camino entre los valores del maíz y los de la harina de soya descascarillada, los dos ingredientes principales de los alimentos avícolas. Los estudios repetidos en esta y otras instituciones han confirmado que los GSDS son un ingrediente valioso para pollos de engorda, ponedoras comerciales, pavos y cerdos.

Las preocupaciones que cada vez se oyen más en la industria avícola no cuestionan el valor alimenticio de los GSDS, sino más bien se basan en el alcance desconocido al que se desviará el maíz de la cadena alimentaria animal (y por lo tanto humana). Dígase lo que se diga, estas preocupaciones tienen algo de validez. Actualmente en Estados Unidos hay 101 plantas de etanol y muchas más en fase de planeación. Es sorprendente que se proyecte que en dos años, Iowa se podría convertir en un importador neto de maíz. Debido a que el maíz constituye alrededor del 60% del alimento avícola en EUA, la conversión de la energía del maíz en combustible para motores en lugar de que entre a la cadena alimentaria humana se está convirtiendo en un asunto de preocupación legítima, si no es que de alarma.

Formulación

Cuando se formulan alimentos para aves, los dos componentes nutrimentales de mayor importancia fundamental son la proteína y la energía. Debe hacerse énfasis en que los nutriólogos no están del todo preocupados por el efecto de la producción de etanol sobre el suministro de proteína. La proteína del maíz no está fermentada, sino que más bien está concentrada en los GSDS por un factor ligeramente mayor a 3. De esta forma, mientras que el maíz contiene alrededor del 7.5% de proteína, en los GSDS es típico un 27%. A cambio, el menor contenido de energía de los GSDS es una preocupación importante.

Algunas personas en la industria de alimentos balanceados pueden subestimar el grado al que la producción de etanol aleja a la energía de la cadena alimentaria. Como se observa en el cuadro 1, la energía metabolizable de los GSDS es de alrededor de 2,816 kcal/kg (1,280 kcal/lb), contra 3,388 kcal/kg (1,540 kcal/lb) del maíz. Así, se cree que solamente 572 kcal por kg (260 kcal/lb) o el 17% se desvía al etanol. Esto es un grave cálculo muy bajo. Como se hizo notar con anterioridad, se recupera solamente una tercera parte del maíz original como GSDS. De esta manera, si la energía metabolizable de los GSDS se multiplica por 0.33 para reflejar la cantidad de energía de una unidad de maíz que se retiene en la cantidad resultante de estos (a saber, 422 kilocalorías), es evidente que se ha eliminado el 73% de la energía en el maíz de la cadena alimentaria.

La pregunta clave que debe hacerse es si esto es de importancia práctica. Desde un punto de vista teórico, si hubiera una cantidad infinita de maíz disponible en el mercado, sería irrelevante el consumo relativo del grano por parte de las industrias de biocombustibles y de la alimentación animal. Si este no es el caso, (el cual es el real, en especial en años de una menor cosecha), se atenderá primero a cualquiera de las dos indus

Política

Actualmente, la industria de la alimentación animal tiene la percepción correcta de que el sector de biocombustibles esté en mejor posición de competir por el grano. Incluso, esto es aún más verdadero al tomar en cuenta el subsidio federal de $0.51 por galón para mezclar etanol con gasolina, en combinación con un arancel de $0.51 sobre el etanol importado. Se está empezando a oír este punto de vista, tal vez con un poco de ironía, de que una política sana dictaría que también debería haber un subsidio federal para aquellas industrias que se dedican a la bioconversión de proteína vegetal en carne y huevos. Esta forma de pensar se basa en la suposición razonable de que debería de ser más importante para la política pública alimentar al pueblo, que transportarlo.

Un punto de vista alternativo sería que no se diera ningún subsidio federal ni que hubiera protección de aranceles para nadie y dejar que las piezas se acomoden, sin importar las consecuencias. En el futuro, el etanol hecho de fuentes de carbono como el pasto varilla o aguja (pasto switch) y los residuos agrícolas puede, tarde o temprano, convertirse en la forma dominante de la producción de etanol.

Alternativas

Tradicionalmente, cuando hay reducción en el suministro de un ingrediente de alimentos balanceados, los nutriólogos buscan alternativas de energía y nutrientes. Si se ve limitada la disponibilidad de maíz (esto es, de energía) para alimentos para animales, deben buscarse fuentes alternativas de kilocalorías, de las cuales en el cuadro 2 se listan algunas de estas. Sin embargo, ninguna de las listadas parece especialmente prometedora como alternativa significativa al maíz.

Es poco probable que aumente la oferta de la harina de panadería. También se pueden emplear granos alternativos como el sorgo, trigo y cebada para producir etanol, y en cualquier caso su costo estaría paralelo al del maíz. Las grasas y aceites, que son ingredientes populares para alimentos balanceados que contienen alrededor del 2.5 veces más energía que el maíz, cada vez se convierten más a biodiesel. Las grasas recicladas de origen animal, los aceites vegetales y los subproductos de su refinación, así como las grasas usadas de restaurante, se pueden usar con diversos grados de eficiencia en la industria del biocombustible. Los nutriólogos han comparado el caso resultante posible con la sinergia de situaciones en que ocurre todo a la vez, en el que las fuentes tradicionales y alternas de energía del alimento se hacen limitantes al mismo tiempo.

Resumen

Las preocupaciones por la disponibilidad y precio en el futuro de la energía para alimentos para animales que cada vez más expresan los productores de alimentos balanceados, se basa en la rápida expansión de la industria de los biocombustibles. Las políticas públicas han motivado esta expansión como un medio para reducir la dependencia en el petróleo importado. Cada vez será más claro el grado al que la producción de biocombustible vaya a afectar las importaciones de petróleo, cuando se analicen del todo los datos de este año y de otros en el futuro.

El incremento en la producción de etanol y biodiesel es casi seguro que haga aumentar los precios de los granos y la grasa para alimentos balanceados (y finalmente de los alimentos para consumo humano), lo cual va a llegar a los extremos en años de cosechas por debajo del óptimo. Los debates de las políticas públicas muy probablemente se encasillarán dentro del problema de "alimentos contra combustibles". El impacto del aumento significativo de los precios de los granos sobre la economía de los socios comerciales del tercer mundo y la asequibilidad de gobiernos amigos de alimentar a sus pueblos, son problemas que aún están en el horizonte. El uso futuro de otras fuentes de carbono para producir etanol va a terminar el debate de "alimentos contra combustibles".