Esto se basa en un informe de la consultora Abeceb.com, que puso el enfoque en que “los productores no tradicionales se apoderaron de la mesa de los argentinos en los últimos 30 años”.

Lo primero que salta a la vista es la caída sostenida en el consumo por habitante (promedio) de carne de vacuno. En los años ’80, fue de 80 kilogramos anuales por habitante, que bajó a 68 kilos en los ’90 y se ubicó en 64 kilos para la primera década del siglo XXI.

Si se toman en cuenta los últimos datos oficiales sobre el consumo de carne vacuno por habitante, la baja es mayor: este año, el promedio por habitante se ubica 57,5 kilos anuales.

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“La situación actual de producción de carne incide de modo determinante sobre la contracción del consumo, pero esta última caída no hizo más que acelerar la tendencia que se viene presentando en los últimos 30 años”, afirmó la consultora.

Con respecto al último año, resalta la caída de 16% en el consumo de carne, de la mano del faltante de hacienda y la consecuente subida de los precios del ganado vacuno y los precios al consumidor que, según Abeceb.com, se incrementaron 57,8%.

En reemplazo de buena parte del consumo de carne de vacuno, y en sintonía con el marketing de estilo de vida y alimentación saludable, el pollo ganó más de 200% de participación en la mesa diaria de los argentinos. Este excedió su promedio de 10 kilogramos de carne de ave por habitante al año en 1980 a 33 kilos en la última década.