El gobierno alemán teme importantes daños, tanto financieros como en la reputación de su sector agropecuario, por la contaminación con dioxinas de alimentos para animales detectada en este país.

"Es evidente que habrá consecuencias y que se endurecerán los controles", indicó la ministra de Agricultura y Protección del Consumidor, Sra. Ilse Aigner, tras una reunión con expertos y representantes del sector.

Los daños provocados por el escándalo son ya de una tremenda magnitud', añadió la ministra, a falta de una evaluación precisa y después que, el domingo 9 de enero, se levantara el cierre temporal a aproximadamente 3,000 de las 5,000 granjas cerradas.

Hasta el momento, un total de 1.635 granjas permanecen precintadas y los efectos de la alarma desatada la semana pasada han provocado mermas, tanto en el consumo interno de carne porcina y productos avícolas, según han advertido representantes del sector.

En este momento, sólo se han constatado altos índices de contaminación en diez de las granjas afectadas de Baja Sajonia (norte de Alemania), pero no se podrá levantar la alerta hasta que se haya completado la inspección, indicó la ministra. El foco de la alerta se situó en Baja Sajonia, estado federado que concentra el mayor número de explotaciones cerradas, y hasta ahora, fuera de Alemania, sólo se ha comprobado la presencia de productos contaminados en Dinamarca y Francia.

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Otras alarmas por presunta contaminación con dioxinas, por efectos de alimentos animales alemanes, en países como el Reino Unido, quedaron descartadas, a la espera de que se conozcan los resultados de los análisis efectuados en Holanda.

Paralelamente a la reunión en Berlín entre la ministra y representantes del sector, la Comisión Europea, CE, estudia las medidas a adoptar frente al escándalo de los alimentos para animales contaminados. El portavoz comunitario de Sanidad, Frédéric Vincent, señaló en Bruselas que el objetivo común es mejorar la separación de las grasas destinadas a alimentación humana o animal de aquellas para fines no comestibles para evitar esos casos.

El problema será analizado entre el martes y el miércoles 12 de enero por el Comité Permanente de la Cadena Alimentaria de la UE, pero Vicent dijó que "no hay peligro inmediato" para los ciudadanos europeos por el consumo de huevos o carne porcina y ave. Hasta ahora, sólo un país tercero, Corea del Sur, ha suspendido sus importaciones de productos alemanes, medida que Vicent calificó de "desproporcionada".

Debido a falta de conclusiones definitivas, Aigner calificó de solo especulaciones las contenidas en un informe de la organización de defensa el consumidor 'Foodwatch', según el cual el origen de la contaminación con dioxina en alimentos para animales fueron unos pesticidas cuyo uso está prohibido en Alemania desde hace casi 25 años. El informe difundido por esa organización alemana atribuía a residuos de pesticidas la contaminación detectada en aceites y grasas industriales usados para la producción de alimentos balanceadios para animales en Alemania. Foodwatch se basaba para ello en análisis hechos con una prueba de las grasas comercializadas por la empresa Harles & Jentzsch, causante del problema, que confirmaban esa tesis "con una posibilidad que raya con la certeza".

Los análisis registraron, además, la presencia en las pruebas de pentaclorofenol, un fungicida que no se produce en Alemania desde 1986 y cuya comercialización y uso está prohibida desde 1989, pero que se utiliza en Asia y Sudamérica para proteger cultivos de soja.