¿Alguna vez se han preguntado por qué no hay marcas internacionales de huevo u ovoproductos? Porque de pollo, sí que las hay, como Tyson, Doux o Pilgrim’s.

 

De este tema se habló en la reciente Business Conference de la International Egg Commission que se realizó hace unos días en Viena, Austria. Me pareció un cuestionamiento interesante. Nunca me había preguntado por qué la mexicana Proan o la estadounidense Cal-Maine, por mencionar a las dos empresas productoras de huevo más grandes del mundo, no tienen filiales en otros lugares. Ambas son empresas impresionantemente grandes, pero circunscritas a sus respectivas fronteras nacionales. No hay un Proan de Perú o un Cal-Maine do Brasil que estén produciendo en dichos países.

 

Por otro lado, sabemos que hay comercio internacional de huevos, pero hasta donde yo sé, no llega al nivel del comercio del pollo. Por ejemplo, en 2012 Brasil exportó 4 millones de toneladas de carne de pollo y sólo 27,000 de huevos. ¿A qué se deberá?

 

El huevo es un excelente alimento: se ha usado muchas veces y por mucho tiempo como referencia en cuanto a perfil de aminoácidos. Pero ¿será que la limitante está en la naturaleza misma del producto? Yo también cuestionaría que si no es esa misma naturaleza del producto uno de sus puntos fuertes. Se exportan productos más delicados que el huevo. No vamos a creer que las flores no son sumamente delicadas y sin embargo se mandan a lugares remotos.

 

Esto es sólo una reflexión que dejo abierta.