Hace unos días, el analista Ken Shwedel publicaba en su boletín semanal que la buena noticia para los cubanos del establecimiento de relaciones diplomáticas con EUA y la relativa apertura, no necesariamente es una buena noticia para la agricultura mexicana. Antes del bloqueo, Cuba suministraba de verduras en el invierno a EUA. De hecho, se dice que el bloqueo empujó a la agricultura mexicana en la década de los 60.

A la par de este comentario, pensaba yo cual sería el impacto de esta apertura en la avicultura regional, léase México y las naciones caribeñas y centroamericanas, Colombia y EUA.

La avicultura cubana, como hemos publicado recientemente, tiene unas características muy particulares que la diferencian no nada más de la latinoamericana, sino de la de todo el mundo. Una de estas es su propia genética, adaptada al trópico y a las condiciones de producción sin muchos de los implementos e ingredientes que tenemos todos los demás.

Aunque el sistema cubano dista mucho de parecerse al chino, nadie asegura que las cosas no puedan cambiar. ¿Podrá la genética avícola cubana comercializarse en otros países? ¿O adaptarse? Además, quizás podamos aventurarnos a pensar que al mejorar las condiciones económicas de la isla, los países de la cuenca del Caribe, incluidos México y Colombia, puedan exportar productos (siempre y cuando se solucionen los problemas sanitarios).

La población de la isla es de poco más de 11 millones de personas, lo cual no es un mercado enorme, pero sí puede llegar a ser interesante, si consideramos la avidez que puede haber por las cosas nuevas, incluidas una mayor cantidad de proteínas o la novedad del “fast food”. Pero, además está el atractivo de quizás poder invertir en la producción avícola isleña.

Dejo esto como un tema de reflexión para el año nuevo. ¡Feliz año!