En un mercado como el mexicano, en el que cada uno de los 121 millones de personas come un huevo diario durante todo el año, uno se preguntaría hasta dónde más podría llegar el consumo.

Hace unos 30 años, el huevo se comercializaba en México básicamente por peso y sin marca, además de que había control de precios. Pero el mercado fue evolucionando, empezaron las empresas a comercializar por docena, en empaques y con marcas, y el mercado creció. Y sigue la mata dando. Ahora, vemos en el supermercado huevos con ciertos atributos, como los light o con omega-3, que les imparten un valor agregado. Incluso los hay cage-free, un pequeño experimento comercial que no sabemos hasta qué punto haya tenido éxito, porque es un segmento muy pequeño de la población al que se dirige.

No obstante todo esto, de acuerdo con datos de la Unión Nacional de Avicultores, la mayor parte del huevo sigue comercializándose a granel. Hablamos de un impresionante 82 por ciento, mientras que en empaque se vende únicamente un 14 por ciento (la diferencia va a ovoproductos).

Hay muchas ideas que se pueden aplicar. Por ejemplo, el concepto del huevo como alimento funcional. Podríamos utilizar este magnífico alimento como vehículo de nutrientes y complementos, como por ejemplo, para suministrar DHA al consumidor. Pero, independientemente de los beneficios nutricionales de esto, surge la pregunta: ¿conviene segmentar el mercado de huevos con nuevos productos? En un mercado maduro como el mexicano, pero en el que el aumento del precio de este producto llega a los titulares de los periódicos, quizás no valga la pena, dadas las circunstancias. ¿Qué opinan?