Acaban de anunciar que las utilidades de McDonald's cayeron 33 por ciento. Los ingresos disminuyeron a 5,960 millones de dólares. La cadena de restaurantes más grande del mundo notificó que sus ingresos trimestrales disminuyeron 11 por ciento. Y toda esta debacle se da cuando apenas salen de los escándalos alimentarios en Asia y además se enfrenta a una fuerte y novedosa competencia en su propio país.

A nivel global las ventas en restaurantes de reciente apertura también cayeron, un 2.3 por ciento y ha habido cierre de sucursales de bajo desempeño. ¡Quién hubiera pensado esto hace 20 años! ¿Cerrar un McDonald’s? Ni de broma.

Han hecho algunos cambios, incluso en el menú, para incluir alimentos más saludables, que contrarresten la mala imagen de alimentos fritos, llenos de grasa y altos en contenido energético. Pero lo cierto es que parece no haber ayudado gran cosa.

El pollo está incluido en los menús desde hace ya varios años, pero siguen siendo los mismos productos de siempre: hamburguesas de pollo empanizadas y nuggets. Insisto en mi crítica: falta creatividad en los tecnólogos de alimentos (¿y de los especialistas en marketing?). ¿Será que no hay otra cosa por ahí?

Me parece que McDonald’s necesita un cambio radical, que incluya al menú. Y el menú debe incluir más pollo y con presentaciones diferentes. El crecimiento del consumo de carne en el mundo en general está en el pollo (y luego en los productos acuícolas). ¿Y el huevo? ¿Sólo en el desayuno? ¡No! Tiene que haber más opciones. Incluir productos saludables no significa nada más poner hojas verdes de lechuga a disposición del comensal.

Es hora de crear, de innovar, de reinventarse. Hay que atreverse, ¿no creen?