En la foto: Chefs preparando alimentos de alta cocina con nuevos ovoproductos desarrollados en España.

En otros blogs, he sido crítico con relación a la industria del huevo y a la poca inventiva que hay para el desarrollo de nuevos ovoproductos. He dicho también que el huevo es un producto que se puede mezclar con muchos ingredientes y se puede preparar de mil maneras, pero no pasamos de solamente mezclarlo con otros ingredientes. La industria del huevo necesita poner a trabajar a chefs, tecnólogos en alimentos, nutricionistas y expertos en marketing para impulsar el consumo.

Sí hay ovoproductos: huevo líquido, clara y yema empacados por separado y alguna que otra cosa por ahí. ¿Y qué más?

Para añadir valor al producto, hay que añadir valor en algún punto de la cadena. Ya sea que las gallinas coman linaza para agregar omega 3 al huevo, o que la industrialización sobrepase la preparación de una tortilla a la española, de huevo con papas. Para añadir valor, empecemos con la investigación.

Esta semana pasada, en el marco del Día Mundial del Huevo, presentaron en Madrid, España sorprendentes avances en la industrialización del huevo impulsados por el Instituto de Estudios del Huevo de ese país. Estos avances van desde la utilización de distintas fracciones de proteína del huevo para fabricar betunes, quesos para untar, snacks dietéticos, bebidas energizantes y merengues, hasta plásticos biodegradables que se puedan usar para empacar monodosis de detergente para lavavajillas o lavadora de ropa, o incluso en ingeniería tisular, para implantes. Todas magníficas ideas. Aunque aún distan de ser productos perfectos, estos investigadores demostraron brillantez.

Yo me pregunto, si la industria del maíz se diversificó hacia la producción del etanol, a tal grado que ya hace años que los combustibles influyen en el precio de este grano, ¿por qué no llevar a la producción del huevo más allá de la omelet y producir plásticos o quesos y snacks saludables?