Pablo Maugger, presidente de la Asociación de Avicultores del Paraguay (Avipar), le dijo esta semana al diario asunceño ABC que teme una avalancha de pollo brasileño de contrabando, provocado por el cierre de importaciones a la Unión Europea, un litigio que apenas empieza y no parece tener pronta solución.

Dice el directivo que esa decisión unilateral del Viejo Continente deja sin destino claro a 1.5 millones de pollos procesados diariamente en los 20 frigoríficos vetados por las autoridades europeas. Y tiene por qué decirlo, ya que Paraguay, por su extensa frontera y la cercanía a los polos de producción avícola del Brasil, ha sido destino desde hace años de ese contrabando.

Por las mismas razones se deben preocupar Uruguay y Argentina, donde los avicultores apenas se están recuperando de largos meses de caída de precios por la sobreproducción y la falta de dinámica en las exportaciones. No es fácil, muchos quieren exportar sus excedentes de pollo, eso abarata los precios y llevan al extremo las eficiencias en las economías de escala, a las cuales no todos pueden aspirar.

Además, no estamos teniendo en cuenta las barreras comerciales sustentadas en cuestiones sanitarias, no siempre tan claras como las presiones políticas internas en los mercados más apetecidos. La extensa selva amazónica y los altos costos para llegar a las principales urbes parecen tener relativamente a salvo a otros vecinos como colombianos y peruanos, aunque no tanto a los bolivianos.

De cualquier manera, el primer efecto será en el mercado interno brasileño y la necesidad de quitar el acelerador de la producción es inminente. Es difícil que los precios suban y lo mejor que podría pasar es que se mantengan. Con crisis en las exportaciones o no, lo mismo pasa en casi todo el continente. En Colombia, por ejemplo, el crecimiento en la producción de esta carne blanca será vegetativo, según las proyecciones de Fenavi (1.8 por ciento).

¿Se imaginan lo que pasaría si México toma la decisión de no comprar más pollo estadounidense? Parece que no será el mejor tiempo para mirar hacia afuera; será más bien el de defender lo que se tiene dentro, racionalizando la producción y profundizando la formalización del sector. Más que nunca, viviremos tiempos de cuidar y defender la propia casa.