JBS, la mayor productora cárnica del mundo, anunció esta semana que tomó las medidas necesarias para reducir sus costos operativos, buscando con ello responder a una fuerte caída en los márgenes de ganancia de sus productos que ronda el 10 por ciento.

Es un acto coherente ante el repunte de los precios del maíz y la soya, además de la sobreoferta interna de alimentos cárnicos en Brasil, en especial del pollo, al que se le cerró el acceso a la Unión Europea.

Ni lo uno ni lo otro pareciera resolverse en el corto plazo; incluso China anunció que no exportará 300,000 toneladas de maíz amarillo de un excedente de medio billón, haciendo su aporte a un entorno de oferta limitada que sube las cotizaciones.

En Estados Unidos, la producción de huevos libres de jaula ha crecido más que la demanda corporativa, la cual se espera empiece a dispararse en cuatro años y se consolide en 2025, cuando se cumplan tantos plazos anunciados de conversión. Entretanto, sus productores están ante la paradoja de no poder obtener un precio diferenciado.

En Colombia, la mayor empresa agroindustrial es una avícola, facturó a punta de pollo y derivados, ella sola, más del 10 por ciento de todo lo que vendió en 2017 el sector pecuario en su conjunto. Pese a ello, sus utilidades netas fueron ridículamente bajas ante tan colosal esfuerzo.

Hacer todo lo posible por bajar los costos no ha dejado de ser, entonces, la prioridad para el sector. Ante este panorama, se ven angustiosamente anacrónicos los casos de disputas laborales en avícolas de la región, sobre las que trascendieron noticias preocupantes desde República Dominicana y Argentina.

En ambos casos, el afán por mantener condiciones garantistas excesivas sin consultar la rentabilidad del sector, viene haciendo estragos y tiene al borde del cierre otrora fuertes compañías. Deseamos de todo corazón el mejor arreglo para las partes, ajustados a derecho y sin consecuencias humanas irremediables.

Sin embargo, no está demás recordar que estamos, así no queramos, en la dictadura del mercado; la única seguridad es el cambio y éste solo puede afrontarse con éxito en condiciones de flexibilidad competitiva, aquella que permite los ajustes para garantizar el sostenimiento del negocio y la seguridad alimentaria que proporcionamos al mundo.