Hace poco, el brasileño Thomas Costa Calil, reconocida autoridad en incubación, hacía una serie de interesantes sugerencias a un auditorio de avicultores en la ciudad colombiana de Cali (occidente). Una de ellas me llamó especialmente la atención y me recordó un reportaje que tuve oportunidad de preparar hace dos años sobre ese mismo tema.

Costa le recomendaba a quienes tuvieran planes de construir nuevas plantas de incubación para líneas livianas que en los diseños dejaran reservada un área destinada a lo que podría ser dentro de poco la futura sala de sexaje industrial en huevo de sus nuevas instalaciones. De esta manera, dio a conocer su positiva valoración sobre los avances en esa aspiración que se trazaron a mediados de esta década en Norteamérica y Europa.

La estadounidense Universidad de Delaware, así como las alemanas Universidad Tecnológica de Dresden y la Universidad de Lepizig, además de la holandesa Universidad de Leiden, siguen investigando para depurar en términos de eficiencia económica la técnica de espectroscopía que ha demostrado tener una confiabilidad del 95 por ciento.

Firmas como Evonta Technology (en Dresden) respaldan estos esfuerzos. Ya hay equipos que pueden sexar 800 huevos por hora, pero todavía las pérdidas en los procesos posteriores de incubación son altas (35 por ciento; el triple de lo habitual). El meollo está en el agujero que debe hacerse en el cascarón del huevo para que un láser realice el análisis genético, bien sea en el disco germinal (huevo antes de incubar) o en el embrión (con 30 horas de incubación).

La Asociación de los Estados Unidos de Aves de Corral y Huevos (U.S. Poultry & Egg Association) definió el año 2020 como plazo máximo para contar con esta u otra tecnología que permita acabar con la polémica práctica del descarte de pollitos recién nacidos. Costa Calil habló de otras alternativas que están un tanto más rezagadas, como el análisis no invasivo de marcadores biomoleculares (subproductos metabólicos dentro del huevo).

La voluntad se tiene y la idea básica para cumplirla existe; pero cómo hacerlas económicamente viables, aún no. En otro escenario, le escuché al argentino Bernardo Kojic, un prestigioso experto en temas de bienestar animal, abogar por una mayor premura en el desarrollo de líneas genéticas aviares de doble propósito mucho más eficientes, tanto, que supriman el actual descarte de pollitos. ¿Qué llegará primero?