Hace una semana comentaba las consecuencias para el continente de medidas proteccionistas (por lo menos no expuestas así), como el cierre a las importaciones brasileñas de pollo por parte de la Unión Europea. En su momento, México amenazó con hacer lo propio con el pollo gringo si fracasa la renegociación del TLCAN que exige los Estados Unidos.

Tal sobreoferta en el mercado internacional llevaría a la caída de precios, al contrabando y a la contracción de las producciones locales. Pero como estamos viviendo tiempos de proteccionismo que van más allá de esas dos coyunturas, los efectos que se avizoran serían más, directos e indirectos, tan inesperados como indeseados.

Veamos la llamada guerra comercial entre EE.UU. y China, que esta semana registra la masiva cancelación de órdenes de compra de soya norteamericana por parte de sus clientes asiáticos, a la espera de que el gobierno comunista decida imponer un anunciado arancel del 25 por ciento.

¿Y a nosotros qué con eso? Pues quedarían sin destino 40 millones de toneladas anuales de soya estadounidense, que en un primer momento podría ser ofertada más barata para nuestros países importadores. El perjuicio lo sentirían los avicultores de los otros grandes exportadores de la oleaginosa en nuestro continente, Brasil y Argentina, donde por la demanda china subiría el precio interno de este importante insumo.

Además, es de esperarse que las cotizaciones generales del maíz amarillo duro suban un poco, pues los suramericanos preferirán sembrar mucha más soya y los estadounidenses, más del cereal. Es claro también que la devaluación creciente que hemos visto en las últimas semanas en Argentina, Brasil, Colombia y México restará competitividad en el negocio avícola por los insumos y bienes de capital importados.

En el global, todos en Latinoamérica sentiremos la resaca que quedará de estas guerras comerciales iniciadas por la Casa Blanca, pues los expertos no descartan que la mayor economía del mundo entre como consecuencia en una recesión. Ahí sí el daño será parejo para todos. No más en Colombia, analistas calculan que por cada punto adicional de crecimiento económico en EE.UU., ese país andino podría esperar 0.27 puntos de mayor expansión.

Con un EE.UU. sin crecimiento, será muy difícil para nuestras economías avanzar, causando una retracción mayor en la demanda de bienes de todo tipo, hasta de los alimentos.