Barreras poderosas para el pollo importado

Si bien la carne de pollo autóctona en varios de nuestros países se defiende con calidad y frescura, las vías deficientes y una producción que no para de crecer también ayudan a mantener a raya la competencia extranjera.

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Es difícil de creer que un enorme exportador de carne de pollo como lo es Estados Unidos, no haya podido aprovechar la totalidad de un contingente con cero arancel en un país que se lo ofrezca, pero es cierto, y viene sucediendo en Colombia.

En virtud del TLC acordado en 2012 entre ambas naciones, el pollo congelado norteamericano puede entrar libremente a este país andino hasta en un monto que no supere el 4 por ciento de la producción local, lo que equivale a 62,000 toneladas.

En los cinco a√Īos de vigencia del tratado, no se ha cubierto nunca todo ese contingente. En 2012 llegaron unas 27,000 toneladas y el a√Īo pasado fueron 32,000; es posible que este a√Īo se alcancen ‚Äúapenas‚ÄĚ las 34,200 toneladas.

¬ŅEs tan portentosa la avicultura colombiana como para desmotivar tal competencia? La respuesta corta es que s√≠, pero no es el √ļnico factor. Hay otras razones que van m√°s all√° de los avances en tecnolog√≠a, gen√©tica y zootecnia.

Y son circunstancias comunes con otros países vecinos, sobre todo en Suramérica; uno de ellos es el carácter mediterráneo de sus principales centros urbanos, alejados de las costas y mal conectados con ellas por vías todavía precarias y tortuosas.

Es ya un lugar com√ļn para todo colombiano escuchar que cuesta m√°s poner un contenedor desde el monta√Īoso centro del pa√≠s hasta cualquiera de sus puertos en el Caribe o el Pac√≠fico, que traerlo en barco desde China. No es ficci√≥n e igual sucede desandando el mismo camino.

El pollo importado se encuentra entonces con una primera gran barrera logística. La segunda, de la que también saben todos los avicultores del hemisferio, es la sobreproducción que mantiene deprimidos los precios y en no pocas ocasiones, no alcanzan a cubrir los costos de producción.

Seg√ļn datos de la gremial Fenavi en Colombia, los precios detallistas de la carne de pollo se han mantenido pr√°cticamente estables desde 2010, en t√©rminos reales, es decir, luego de descontar la inflaci√≥n causada.

La clave de la supervivencia, aseguran desde el mismo ente, ha sido la constante mejora en productividad (en agosto pasado, por ejemplo, la producción había subido 5.8 por ciento, pese a que el encasetamiento solo creció 2.6 por ciento).

Sobreoferta y malas vías, quién lo dijera, le terminan dando una mano importante a un sector juicioso y eficiente.

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