Alcanzar las huellas genéticas de los alimentos es una de las formas más correctas de desarrollar nuevas variedades y modificarlos con el fin de que sean más saludables, más nutritivos y sobre todo aptos para todos los consumidores. Algunos de los principales objetivos de estos hallazgos modernos es tratar los aspectos como las alergias o intolerancias de los consumidores. Una nueva investigación dada a conocer por Consumer-Eroski indica que se está trabajando para descifrar las pistas genéticas de la soja e idear mejores variedades de ésta.

Expresar la genética de la soja ayudaría a fabricar alimentos que contengan más proteínas y más aceite que los tradicionales. Actualmente, se ha identificado el lugar del genoma de la soja donde se encuentran los genes que codifican y determinan los niveles de proteína y aceite en las semillas. Para esto, se han utilizado dos direcciones diferentes para dos líneas de soja similares, pero con diferentes niveles de proteína y aceite. El propósito ha sido comparar los dos genomas y precisar dónde está el gen que determina cuál es la cantidad de proteína y de aceite en la planta.

Después de examinar la expresión de miles de genes y secuenciar aproximadamente tres mil millones de pares de bases del ARN de la soja, ha sido posible crear un mapa genético. Esta herramienta identifica los marcadores moleculares de una determinada variedad de soja en la que están incluidos 13 genes candidatos a ejercer un papel importante en los niveles de aceite y de proteína. Con los hallazgos, los expertos pueden utilizar estos marcadores para facilitar la producción de nuevas variedades de soja con niveles mucho más altos de proteína y aceite. Además, se debe tener presente que los niveles de proteína en la soja se determinan al principio del desarrollo de la semilla.

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Sin embargo, la elaboración de nuevas variedades de soja más nutritivas no es el único campo de investigación. Los expertos desarrollan éstas con una mayor resistencia a las épocas o las zonas de sequía. Estas nuevas plantas crecen bien en condiciones de falta de agua pero, además tienen la misma capacidad de crecer incluso con bastante agua. En este caso, las nuevas variedades tienen una resistencia a secarse de cuatro a ocho bushels (1 bushel es una unidad de masa cercana a los 27 kilos) más por unidad de superficie que las variedades tradicionales en condiciones de sequía. Si se comparan los resultados con los obtenidos con las semillas de soja habituales, en áreas donde la soja rinde aproximadamente 30 bushels en condiciones de sequía, estas nuevas variedades de soja llegan a los 35 brushels bajo las mismas condiciones. De esta manera, se obtienen nuevas especies capaces de resistir los climas más difíciles.

Tras varios estudios realizados en estas últimas décadas, cuando la soja ha experimentado un mayor aumento de consumo, expertos estadounidenses estiman que las personas alérgicas a este vegetal sí toleran el consumo de lecitina de soja, del aceite de soja y del aceite de las semillas de soja.