Pollo con menos IVA, sigue igual en Argentina

El IVA a la carne de pollo redujo en Argentina. Sin embargo, ese alivio no se vio en los precios a los consumidores.

Romina Chamorro | FreeImages.com
Romina Chamorro
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El impuesto al consumo que paga la carne de pollo en Argentina pasó de 21 al 10.5 por ciento, lo que equiparó desde el 1 de febrero la obligación tributaria entre los productores cárnicos en ese país suramericano.

Un logro para el gremio avícola argentino, principalmente para el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (Cepa), que agrupa a las firmas dedicadas a la faena y venta mayorista de carne de pollo. Fueron más de dos años pidiendo esa nivelación y la lograron.

Dentro de las justificaciones para solicitarla, recuerdo que el presidente del Cepa, Roberto Domenech, alegaba equidad tributaria y mayor competitividad. Un paso adicional para que el pollo se acercara todavía más a la carne de res en las preferencias de consumo.

Hoy, si se combinan huevo y pollo, los argentinos ya comen más proteína aviar que bovina, rompiendo una tradición histórica. Con menos IVA (impuesto al valor agregado), la ingesta no haría más que seguir creciendo por cuenta de un precio más atractivo al consumidor final. Sería obvio, ¿no?

Para disgusto de comerciantes y compradores, la verdad es que eso no está pasando y parece que no pasará, por lo menos si tal decisión depende únicamente de los avicultores. Y es que desde el año pasado, el mismo Domenech lo había advertido cuando se aprobó la disminución del impuesto y aquí mismo lo registramos.

“No cambia la estructura de costos y el producto no va a bajar para los consumidores, pero se sentirá puertas adentro de la industria avícola y nosotros, como cámara empresaria, tenemos un compromiso asumido en transparentar la actividad”, dijo.

Domenech prometió que la informalidad en la producción de pollo bajaría entonces del 35 por ciento al 10 por ciento, lo que daría más seguridad sanitaria al consumidor y mejores tributos al Estado (o por lo menos parecidos a los que recibían el año pasado). Nada prometió de rebajar el precio final.

¿Habrá faltado una mejor comunicación? ¿Gobierno y sociedad entenderán o se sentirán timados? Mucho ojo, porque resolver este entuerto de relaciones públicas satisfactoriamente servirá para que los colegas productores de huevo alcancen también la rebaja en el IVA que tanto piden y necesitan.

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