No es motivo de orgullo, pero tampoco ganamos nada ocultándolo. América Latina, a excepción de Panamá, Uruguay y Chile, es una región considerara de niveles medio y bajo en seguridad ciudadana, afectada por la delincuencia común que en no pocas ocasiones y lugares ha rebasado el poder de nuestros estados, todavía precarios.

Y en ese panorama, México, Colombia y Venezuela son los países que registran los peores indicadores, situación que también ha tocado la avicultura comercial, por lo menos allí donde esta se desenvuelve aún dentro de las leyes del mercado y no en un entorno falseado por el populismo de subsidios inexistentes o controles tan asfixiantes como selectivos.

Por eso me centraré en las noticias recientes venidas desde Colombia y México, las cuales siguen hablando de saqueos y vandalismo contra los trenes y camiones que transportan granos, el principal insumo de la agroindustria avícola. Son bienes preciados, escasos en ambos países, grandes importadores de maíz y soya; por ello tienen mucha demanda y se revenden fácilmente en el mercado negro, no necesariamente a otros avicultores.

El robo también afecta los envíos de pollos, huevos y productos derivados de estas proteínas. Poco puede atribuirse a la necesidad de poblaciones pobres y hambrientas; se trata más bien de verdaderas organizaciones criminales que medran entre la ineptitud y la complacencia de las autoridades oficiales. Hacen bien las agremiaciones avícolas de cada país en demandar mayor protección gubernamental.

En Colombia, existen barriadas enteras en las grandes ciudades donde dichas organizaciones deciden quién vende y quién no los productos de primera necesidad. Todo depende del soborno o coima (mordidas le dicen en México; vacunas, en Colombia) que convengan con el productor que quiera vender sus mercancías en esos sectores populares. ¿Y quién no quisiera?

A veces se es víctima, a veces se contribuye con el delincuente por nuestra apabullante y caótica realidad. En ambas naciones, en las próximas semanas, se escogerán nuevos presidentes. Aunque ya estamos curtidos en desengaños de políticos, no está de más recomendar el apoyo a aspirantes que hayan demostrado y se comprometan a fomentar el ejercicio de la autoridad.

En ambos países se ha comprobado en diferentes épocas que cuando hay voluntad política, se puede. Pero eso nunca será suficiente. Nosotros, como ciudadanos, también debemos poner de nuestra parte, apostándole siempre a la justicia, a lo legal, a lo ético. No hay de otra.