Qu√© fue primero, ¬Ņla granja av√≠cola o el vecindario?

En lugar de luchar en contra de la expansión urbana, hay otras opciones que los avicultores colombianos podrían experimentar. Conoce de cuáles estamos hablando.

Freeimages.com/Bill Davenport
Freeimages.com/Bill Davenport

Esta semana, el gremio av√≠cola del departamento colombiano de Santander (oriente) emprendi√≥ una campa√Īa ‚Äúpara recordar la trascendencia econ√≥mica‚ÄĚ de su labor. Los camiones que van y vienen de las 1,026 granjas de pollo y huevo que operan en esta regi√≥n llevan anuncios que recuerdan cifras contundentes.

Esas piezas hablan de los 110,000 empleos (entre directos e indirectos) que genera all√≠ el negocio av√≠cola, responsable del 25 por ciento de la producci√≥n nacional de estos alimentos. Unos 2,505 millones de huevos y 356,000 toneladas de carne de pollo al a√Īo. Impresionantes datos, ¬Ņpero ser√°n suficientes para lograr lo que buscan los avicultores?

M√°s que una publicidad autocomplaciente, se trata de un contraataque para evitar que los nuevos planes municipales de ordenamiento territorial expandan la frontera urbana y permitan la construcci√≥n de casas y apartamentos en lo que antes eran potreros; territorios a los cuales el urbanismo termin√≥ accediendo ‚ÄĒcasi siempre‚ÄĒ gracias a una carretera construida por una empresa av√≠cola.

Muy a mi pesar, creo que se trata de una pelea perdida si se reduce a mostrar cifras socioecon√≥micas. Por m√°s injusto ‚ÄĒo por lo menos parad√≥jico‚ÄĒ que parezca, es necio tratar de atajar el crecimiento urbano o por lo menos evitar que no perjudique nuestra agroindustria, ya que, aparte de obedecer a una l√≥gica demogr√°fica, las alcald√≠as ven en este dinamismo una fuente de recursos mucho m√°s interesantes que los impuestos o los empleos que propicia la avicultura.

Una nueva urbanizaci√≥n produce para una alcald√≠a 10 o 15 veces m√°s recursos por impuestos y obligaciones urban√≠sticas que una granja av√≠cola por predial y por industria y comercio. Es una realidad econ√≥mica, esa s√≠, mucho m√°s contundente. ¬ŅQu√© podemos hacer entonces?

Creo que lo primero es tratar, en lo posible, de lograr una coexistencia arm√≥nica con los nuevos vecinos. Servir√° mucho un compromiso p√ļblico y real en reducir al m√°ximo el impacto ambiental, de la generaci√≥n de olores, del cargue y descargue, adem√°s de participar en la vida c√≠vica de las comunidades aleda√Īas.

Pero arribará el momento en que la presión urbanística será tal, que el valor del predio de la granja llegará a ser tan alto que resultará más rentable venderlo a los constructores o asociarse con ellos. La diversidad en los negocios siempre será interesante. Igual, si se ha de marchar, esa será una oportunidad para que en nuevos pagos se recomience actualizando tecnológicamente el negocio y atendiendo las nuevas exigencias ambientales, en bienestar animal y en mayores eficiencias operativas que exige el mercado.

En ese momento, la mano del Estado que propici√≥ la salida de las granjas deber√≠a tenderse en forma de pr√©stamos blandos, subsidios e incentivos, con el fin de que el positivo impacto de la avicultura no se detenga.

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